La muerte que libera
Recuerdo esa pequeña historia, ese cuento corto de Sió, un cuentista, creo catalán:
Se muere el viejo y en el entierro está la viuda anciana, su hija, su yerno y sus nietos. Después de las pompas fúnebres se van a la casa. La hija abraza la madre y le dice:
- Mamá, ahora te vas a venir a vivir con nosotros, verdad?
- No querida, no, prefiero...
- No quiero que te quedes sola. Además, en esa casa que compartiste con papá y todos los recuerdos te van a traer tristeza... Ven con nosotros.
- De ninguna manera hija, quiero estar sola.
- Pero te vas a deprimir.
- Tal vez, hija, pero prefiero vivir el duelo de tu padre en soledad.
- Bueno pero te vienes aunque sea 15 días a la casa, juegas con los niños, te despejas un poco...
-No, hija. Después hablamos. De momento déjenme sola. Entiéndanme.
Y el nuero le dice:
- Déjala, mujer, ya la conoces, no la vas a convencer. Déjala en paz.
- Bueno mamá, pero cualquier cosa nos hablas por favor.
- Sí, hija.
Se sienta en la barra y dice:
- Un gin tónic, por favor.
Escríbame. Yo siempre contesto, bohemio mío: rodrigodelacadena@yahoo.com
¡Ni una línea más!