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Análisisdomingo, 15 de diciembre de 2019

La muerte que libera

Recuerdo esa pequeña historia, ese cuento corto de Sió, un cuentista, creo catalán:

Se muere el viejo y en el entierro está la viuda anciana, su hija, su yerno y sus nietos. Después de las pompas fúnebres se van a la casa. La hija abraza la madre y le dice:

- Mamá, ahora te vas a venir a vivir con nosotros, verdad?

- No querida, no, prefiero...

- No quiero que te quedes sola. Además, en esa casa que compartiste con papá y todos los recuerdos te van a traer tristeza... Ven con nosotros.

- De ninguna manera hija, quiero estar sola.

- Pero te vas a deprimir.

- Tal vez, hija, pero prefiero vivir el duelo de tu padre en soledad.

- Bueno pero te vienes aunque sea 15 días a la casa, juegas con los niños, te despejas un poco...

-No, hija. Después hablamos. De momento déjenme sola. Entiéndanme.

Y el nuero le dice:

- Déjala, mujer, ya la conoces, no la vas a convencer. Déjala en paz.

- Bueno mamá, pero cualquier cosa nos hablas por favor.

- Sí, hija.

Se sienta en la barra y dice:

- Un gin tónic, por favor.

Escríbame. Yo siempre contesto, bohemio mío: rodrigodelacadena@yahoo.com

¡Ni una línea más!

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