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Metropoliviernes, 19 de septiembre de 2025

19 de septiembre de 2017: Un simulacro que se volvió realidad

Ningún sensor pudo captar con tiempo suficiente para prevenir el movimiento de la tierra hasta que ya fue demasiado tarde

José Melton

El sismo, que duró pocos segundos, trajo a la memoria la cruel escena de 1985 para los más veteranos, mientras que los jóvenes, impulsados por el espíritu de solidaridad, se lanzaron a las calles para ayudar.

Solidaridad Ante la Devastación

La información fluía lentamente. Los servicios de comunicación se saturaron y las autoridades se vieron rebasadas por la magnitud del desastre. Los medios de comunicación apenas podían reportar lo que sucedía en tiempo real.

Las horas pasaban, y aunque muchos familiares lograron encontrarse, muchos otros no regresaron a casa. Algunos terminaron en hospitales, otros en la morgue.

La Esperanza No Murió

Desde las 13:14 horas, la Ciudad de México no descansó. Las jornadas de remoción de escombros y búsqueda de sobrevivientes fueron extenuantes. A pesar de que la esperanza parecía desvanecerse con el paso de los minutos, nunca se extinguió.

Los medios de comunicación jugaron un papel vital, canalizando la ayuda y a los voluntarios a las zonas más afectadas. Tan pronto surgía una necesidad, se publicaba en redes y en cuestión de minutos la ayuda llegaba.

Listas de personas desaparecidas se difundieron, ayudando a las familias a conocer el estado de sus seres queridos. La noche y el desastre no impidieron que salieran personas con vida de los escombros. Rescatistas, voluntarios y autoridades no descansaron.

“Vino ese espantoso brinco y jalón, enseguida el sonido de la alerta sísmica”: Mirna Gabriela Pacheco

En cada zona de desastre, hubo voluntarios de todas las edades y clases sociales dispuestos a dar su tiempo y esfuerzo por los demás. Mirna Gabriela Pacheco, Gaby para sus amigos, es un ejemplo de este espíritu.

El sismo de 2017 no solo despertó en ella el deseo de ayudar, sino que también reavivó los dolorosos recuerdos del terremoto de 1985, del que sobrevivió. Su lema de vida “Siempre Listos” la impulsó a superar la pesadilla.

Gaby buscó múltiples formas de ayudar. No solo removiendo escombros, sino también reuniendo víveres, elaborando despensas y hasta agilizando el tránsito en las zonas devastadas.

“En el 2017 yo estaba en casa. Como cada año, los papás de Jesús Buendía y yo mandábamos a hacer una misa en memoria de los compañeros y de acción de gracias por los que logramos sobrevivir de aquel terremoto de 1985”, recordó Gaby.

“De hecho, estaba contando estas memorias a una persona cuando, de repente, vino ese espantoso brinco y jalón, enseguida el sonido de la alerta sísmica que hizo revivir la pesadilla”.

Para Gaby, el simple hecho de “volver a respirar ese polvo y revivir la pesadilla” la supera, pero su compromiso con la ayuda no se detuvo.

El solo hecho de volver a respirar ese polvo y revivir la pesadilla me supera.

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