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Metropolimiércoles, 9 de diciembre de 2020

Caen ingresos, toca puertas el hambre

Familias indígenas están en peor condición, pues si les va bien, comen una vez al día

Patricia Carrasco / La Prensa

Ciudad de México.- El hambre está tocando la puerta de millones de capitalinos. No tienen nada nutritivo para llevarse a la boca, por la falta de ingresos ante la grave situación económica que generó la pandemia por el Covid-19.

Mientras el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador habló ante la ONU de manera virtual, el pasado 22 de septiembre, que pese a la crisis y la pandemia, no hay hambre en nuestro país.

“No estamos bien alimentados, pero con eso se “engañan la tripa”, narró

Alejandra Chaparro, indígena otomí de Santiago Mexquititlán, municipio de Amealco, Querétaro, quien desde hace 25 años vive en la ciudad de México, en entrevista con LA PRENSA.

“Hay niños que no poseen nada que llevarse a la boca…y yo luego me quejo por comer puros frijoles. “Es un manjar comer frijoles cuando otros no tienen ni para eso”, subrayó.

Sarcástica afirmó: nuestros platillos diarios son frijoles con nopales, arroz con huevo, sopa de pasta, de verduras “y párale de contar”. “No comemos fruta y pocas veces vegetales”.

En ocasiones añora la comida de fiesta de su pueblo, Santiago Mexquititlán: guajolote con mole y arroz… “pero aquí no lo podemos comer porque es un platillo muy caro, empezando con el guajolote y el mole.

Es muy grave situación económica que viven las comunidades nativas en la ciudad de México, porque llevan meses sin vender sus mercancías, “y todos vivimos de la economía informal de las ventas en las calles”, citó.

Ante la falta de ingresos, pidió a las autoridades del gobierno de la ciudad de México que los deje vender. Por lo menos, para comprar frijoles y arroz para comer. “Pero si no, ni a eso llegamos”, destacó.

Alejandra, quien tiene estudios de bachillerato y es una de las pocas intérpretes certificadas del idioma otomí detalló que ellos no festejan a los niños en sus cumpleaños y muchos, ni siquiera saben su fecha de cumpleaños y en ocasiones ni su edad.

“Para nosotros el onomástico no es una fecha que se celebre año con año. Si no hay para comer, menos para hacer una fiesta o cumpleaños”.

Al principio de la pandemia, la administración local les dio un apoyo de 1500 pesos, una sola vez, entre febrero y marzo…de ahí para acá ya han tenido ningún apoyo.

Cifras oficiales señalan que hay entre 8 y 10 millones de personas de origen indígena, de esos, 3 millones viven en la ciudad de México, un buen número de ellos, viven en 9 grandes asentamientos.

Alejandra, de más joven si se sintió discriminada, en la escuela primaria y se sentía poca cosa. “De lo que he aprendido, ahora puedo decir que todos somos iguales.

Más deserción escolar, más niños vendiendo en las calles

“El covid-19 no ha afectado gravemente en lo económico y educativo, se registra una grave deserción escolar, puesto que hay niños que no tienen computadora, tableta ni televisión, además, la mayoría de los padres no saben leer y no pueden enseñar a sus hijos.

Su petición es que se abran las escuelas para que los niños, no abandonen la escuela.

Mucha deserción y con ello el trabajo infantil. De los niños que están vendiendo en Reforma hay varios que tienen la primaria trunca y lo único que le queda es ponerse a trabajar. Vender dulces o artesanías, un apoyo para sus familias.

Chaparro citó que muchos de esos infantes dicen que comen mejor en la calle, y pueden gastar algo de lo que ganan, aunque la mayoría de las ganancias es para apoyar a sus padres.

Aclaró que las mamás se llevan a vender a sus hijos a la calle, debido a que, por seguridad, no los dejar solos en la casa, “y así está pendientes de ellos.

Las campañas a favor de los derechos de los indígenas se han quedado en el papel, comenta triste esta joven que fue imagen en el Metro, hace tres años, de una campaña para sobre las lenguas indígenas que se hablan en la Ciudad de México.

México es un país que siempre nos discrimina, por lo que llamó a todos los mexicanos a respetar las diferencias, “todos tenemos los mismos derechos”.

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