3.- ENVENENÓ A SUS HIJOS Y TRATÓ DE MATARSE, MÉXICO, 1968
En un drama derivado de la miseria y maltrato, María Eugenia Gutiérrez trató de matarse y matar también a sus hijos, dándoles fuerte dosis de barbitúricos. Los médicos lograron salvarlos.
4.- ROCIÓ GASOLINA A SUS HIJOS Y LES PRENDIÓ FUEGO. COAHUILA, 2009
5.- MATÓ A SUS HIJOS CON ARMA DE FUEGO. COAHUILA, 2015
Una mujer mató a sus cuatro hijos a balazos para después suicidarse. La tragedia ocurrió en el municipio de Sabinas.
6.- APUÑALÓ A SUS HIJOS. QUERÉTARO, 1989
Claudia Mijangos apuñaló a sangre fría a sus tres hijos. Luego acomodó sus cuerpos y durmió junto a ellos esperando el amanecer. Ella dijo que una voz le ordenó matarlos. Terminó recluida en un hospital psiquiátrico.
7.- DIO A SU HIJA YOGURT ENVENENADO. PUEBLA, 2011
8.- ASESINÓ A SUS DOS HIJOS POR DESAMOR. CIUDAD DE MÉXICO, 2009
Se trata de los oficiales Kevin Jordan N., Jhovany N., y la elemento Diana Karen N., los cuales están adscritos a la Policía Auxiliar en la zona de Cuajimalpa
El traslado del detenido desde Nayarit hacia la Ciudad de México fue coordinado por la Secretaría de Marina bajo estrictas medidas de seguridad, utilizando unidades blindadas y un fuerte contingente de agentes.
Las autoridades de todo el país se encuentran en alerta para localizar a Erika María “N”, quien es señalada como la autora material del asesinato de la exreina de belleza Carolina Flores
Lo que tiene todos los tintes de un pacto suicida, tuvo lugar en una residencia de la Colonia San Jerónimo Lídice, en Magdalena Contreras, donde una mujer desesperada por perder a sus hijos, decidió, junto con sus padres, marcharse de este mundo. Fue un hermano de Mireya Agraz, una de las víctimas, quien descubrió el cuadro de horror. Cuando acudió a visitar a sus padres y hermana, no imaginó que al traspasar esa pesada puerta de metal hallaría solo muerte y soledad. El 7 de junio llegó hasta la casa y al no obtener respuesta decidió entrar, solo para encontrar en una recámara a toda la familia inconsciente. Desesperado llamó a seguridad del lugar y a la policía de la ciudad, pero no había nada que hacer, de los seis únicamente su madre conservaba un halo de vida. La sobreviviente fue enviada a una clínica para lavar su estómago y tratar de sacarla de la inconciencia que le provocó la ingesta de medicamentos, como al resto de la familia. En el lugar quedaron Mireya Agraz, de 40 años de edad, su padre Enrique Agraz, de 70, y los niños Emiliano de 10 años y las gemelas Aranza y Regina, de 8 años, todos sin signos de violencia, la mamá con los niños en una cama y en una individual el masculino adulto, mientras que la abuela quedó cerca de una puerta, aún con vida. En principio se pensó en un robo, pero no había violencia ni faltaban los valores. Una carta de despedida aclaró el caso, “nos tomamos un coctel de pastillas molotov” escribió el padre de familia, según se percibe en el texto cuando remata: “si no nos hizo daño a tu mamá y a mí, un tiro con la .25” que dirige a “Quique”, su hijo. Trascendió que luego de dar a los niños el bebedizo, los acostaron y entre sus manos pusieron una Biblia y un Cristo de madera, quizá para hallar el perdón, por este acto que la Iglesia reprueba. Los peritos que recogieron las evidencias, luego de sellar el escenario del pacto suicida, concluyeron de manera preliminar que hubo consenso. Fue tal la planeación que dejaron dinero para su funeral, así quedó asentado en la carpeta de investigación iniciada por el ministerio público de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJDF).
Esta historia negra de indignación y venganza familiar que terminó en tragedia y luto ocurrió en la residencia marcada con el número 907 de la calle San Bernabé, Colonia San Jerónimo Lídice, en la Delegación Magdalena Contreras. Ahí, Mireya planeó y convenció a sus padres de dar muerte a sus tres hijos, a ellos y luego ella suicidarse. Ahí los convenció de darles de tomar un coctel mortal de medicamentos, convencida de que solo la muerte los pondría a salvo de su exesposo que, por la vía legal, obtuvo la patria potestad de los menores, todo ello por la decisión del juzgado de lo Familiar del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX. Las investigaciones de la Fiscalía Central de Investigación para Homicidios de la PGJ CDMX señalan que el pasado miércoles 7 de junio Mireya convenció a sus padres para acabar con la vida de todos, la de ellos, la de sus hijos y la propia, pues prefería acabar con su familia antes que entregar a sus hijos con su padre, con quien no tenía buena relación. Públicamente, en visitas que hizo a programas de televisión y de radio, Mireya explicó que la decisión del tribunal estaba sesgada y era violatoria a los derechos de los menores. Luego de que Mireya convenció a sus padres de formar parte de ese final fatal. El plan estaba listo. Primero les darían medicamentos a los pequeños y, luego ellos harían lo mismo. El plan era definitivo, pues planearon que, si por alguna razón quedaran vivos, ella tomaría una pistola calibre .25 y tras rematar a todos, finalmente, ella se suicidaría, hechos que se encuentran asentados en la carpeta de investigación CI-FMC/MC-1/UI-1C/D/573/06-2017, la cual integra la Fiscalía de Investigación para Homicidios de la PGJ CDMX. Los abuelos -Enrique y Rosa María-, tomaron sus propias providencias adicionales, pensaron en lo que ocurriría tras ese macabro fin: con toda la sangre fía del caso dejaron listos sus testamentos, así como sobres con dinero para que sus otros hijos los velaran y enterraran. En la carpeta de investigación se encuentra asentado que pasadas las 22:00 horas, del miércoles, un empleado de la familia llegó a la residencia en la Colonia San Jerónimo, en Magdalena Contreras, y encontró los cadáveres de Mireya, sus tres hijos y el abuelo. En la cama matrimonial, recostados, acomodados y tapados tiernamente con cobijas, estaban los pequeños Emiliano, de 10 años, y las gemelas Aranza y Regina, de 8. Junto a ellos estaba una Biblia, un Cristo de madera y la carpeta con el recado final. A un costado de la cama estaba Mireya, plena a sus 38 años, egresada de la carrera de mercadotecnia en la Universidad Del Valle de México. En el suelo, del lado de los pies un colchón, donde se acostó el abuelo, Enrique, de 70 años de edad, y al pie de la puerta estaba su esposa, Rosa María, a quien los paramédicos le salvaron la vida. Al menos por el momento. Consta en el expediente 1490/2014, del Juzgado 11 Familiar, que Mireya perdió la custodia de los niños el mes pasado, pues tenía antecedentes de trastorno psicológico y agresividad. Sin embargo, se rehusó a entregarle sus hijos a su exesposo, un empresario del que se separó en 2011. La mujer fue multada dos veces por incumplir la determinación de un juez; apeló y usó todos los recursos posibles para desacatarla, pero según su mensaje póstumo, prefirió matar a los niños que estar separada de ellos. El caso tenía antecedentes familiares, pues el hermano de Mireya declaró ante el ministerio público de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, que sufría depresión, no solo por la pérdida de la custodia, sino por tener sobrepeso. El hermano de Mireya, dijo ante las autoridades de la Procuraduría General de Justicia de la CDMX, que los niños no iban a la escuela desde mayo. Vivían encerrados y orando, según los informes de la PGJ. El hermano de Mireya dijo que sus padres se dejaron envolver por la tristeza de su hija y la posibilidad de que los apartaran de sus nietos. Hasta el momento las autoridades no han podido identificar el medicamento, el parte médico es escueto. “Fármacos” fue lo que usó la mujer para privar de la vida a sus hijos, a su padre y a ella misma, luego de que perdiera la custodia. El hecho ocurrió la noche del miércoles, en el inmueble marcado con el número 907 de la calle San Bernabé, en la Colonia San Jerónimo, Delegación Magdalena Contreras. El hermano de Mireya, que había decidido visitarlos, encontró la terrible escena en un cuarto de la casa, donde también había una carta póstuma que se puedo leer: “Nos tomamos un coctel de pastillas molotov, si no nos hizo a tu mamá y a mí daño, un tiro a cada uno con la .25 Quique”, tu papi. De inmediato reportó los hechos a elementos de seguridad privada del lugar, quienes a su vez, dieron aviso a elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México. Entre las víctimas se encontró el cuerpo de los niños, Mireya, de los abuelos Enrique y de Rosa María, esta última sobrevivió, sin embargo, se debate entre vida y la muerte.
¿Quién conoce lo que pensó Mireya al tomar la decisión de matar a su familia? Al parecer buscó salir por la puerta falsa llevándose consigo a sus hijos y sus padres, aunque no lo pudo hacer por completo porque su madre aún se debate entre la vida y la muerte. Ella en tanto, así salvó a sus hijos de una pesadilla, la del abuso. Así lo dijo en entrevista con LA PRENSA, el abogado Jesús Mora Lardizábal, que llevó los procesos familiares y judiciales de esa mujer, la cual en las últimas horas está en boca de todos, unos para criticarla duramente y otros para defender su fatal decisión. Relata Jesús Mora que la pareja inició el trámite de divorcio hace varios años, en medio de los cuales, la mamá pidió un régimen de visitas y convivencia por horario, misma que le fue otorgada por convenio. Las diferencias de la pareja llegaron de nuevo a los juzgados, ahí le notificaron a la señora Mireya una demanda de cambio de guarda y custodia con el argumento de que no permitía al padre ver a los niños. Este caso se ventilaba en el Juzgado Décimo de lo Familiar. Por causas que nadie conoce, la juez se excusó y pasó todo al Juzgado Undécimo, mismo que notificó del incidente a la madre de tres niños procreados en el matrimonio. Ella, asustada ante la idea de perder a sus hijos, un niño y unas gemelas, presentó todas las pruebas periciales y copias que había en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (entonces PGJDF). Afirma el abogado que con estas pruebas la madre de los menores demostraba que habían sido abusados por su padre biológico. Esta “bomba” no fue suficiente para la juez undécima, Silvia Araceli García Lara, que el 25 de febrero de 2016 condenó a Mireya a entregar a los tres niños. La sentencia de la juez, que selló el destino de Mireya y sus hijos, fue que Mireya perdía la patria potestad, aun cuando ese derecho no lo solicitó el papá. Ante el señalamiento de fecha para la entrega del niño y las gemelas, la madre de los menores y su abogado buscaron un recurso legal de apelación y posteriormente un amparo, por considerar que la juez se excedió en sus facultades. Aun peor, la juez condenó a los abuelos maternos, Enrique y Rosa María a no tener contacto con los tres menores. Al final los abuelos ganaron el amparo, decretándose modificar el resolutivo y cancelación de la sentencia porque no fueron parte del juicio. En una segunda sentencia, la juez decretó la entrega de los niños pese a que la madre sostuvo siempre que fueron objeto de abuso sexual por parte del padre, esto consta, dijo el abogado, en pruebas presentadas que no fueron valoradas, porque dijo la juez “no estaban robustecidas”. Todo esto orilló a la señora a un estado de stress, depresión y decepción, al grado de decidir dar a sus hijos y padres un coctel de medicamentos. Antes de poner en acción esto, Mireya cambió sus fotos de perfil en sus redes sociales por una donde está con sus tres hijos, de 10 años él y las gemelas de 8. El mismo coctel fue tomado por los padres de ella, Enrique y Rosa María. Todos murieron, menos la abuela que permanece hospitalizada pero grave. El abogado Jesús Mora Lardizábal dijo a LA PRENSA En Línea “pienso que las causa que impulsó a la señora a tomar esta decisión, fue la decepción de no recibir apoyo de las autoridades competentes, es decir, de los juzgados familiares y de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México”.
Mireya Agraz Cortés, la madre que mató a sus hijos al intoxicarlos con un medicamento, denunció la terrible pesadilla que sufrían los menores al ser abusados sexualmente por su padre. Desesperada, Mireya relató que desde hace cinco años y tres meses, era acosada por su exmarido que la amenazaba con quitarle a los niños, dos cuatitas y un niño, sin embargo nunca esperó que el hombre con el que había decidido pasar el resto de su vida se convertiría en un pederasta. La madre explicó, en una entrevista televisiva el pasado 27 de octubre, que se dio cuenta que su hijo mayor padecía de problemas, entre ellos, no podía dormir y no tenía control de esfínter, por lo que le fue practicada una prueba que reveló el abuso que había sufrido. “A mi hijo le hicieron la prueba de Atenas, salió positiva. Mi hijo fue abusado y nadie hace nada”, dijo Agraz Cortés. Mireya agregó que su martirio inició cuando la juez décima de lo Familiar Cristina Rosello, y la juez onceava Silvia Araceli García Lara, le quitaron la patria potestad de los niños y decidió entregarla al padre, supuestamente porque ella violentaba los derechos de los menores. Ante el temor de perder a los niños, esta madre tomó la decisión de huir por la puerta falsa con sus hijos y padres, por lo que decidió envenenar a su familia, para luego suicidarse la noche del miércoles 7 de junio. Una carta póstuma hallada en uno de los cuartos donde se encontraron los cuerpos es el inicio de una difícil investigación que tratará de esclarecer el trágico caso, pues informó el abogado de la hoy occisa que la Procuraduría será la que determine hasta qué punto el exesposa de Mireya y padre de los pequeños, la obligó a tomar la decisión de acabar con la vida de su familia.
Para ocultar al mundo su desliz, la sirvienta Rosa María Vargas, de 16 años de edad, descuartizó a su propio hijo recién nacido, y luego, para borrar toda huella de su crispante crimen, envolvió los restos del menor en una bolsa para tirarlos en el incinerador de basura de un lujoso edificio de la Colonia San Rafael.
Felícitas Sánchez Neyra era despiadada e infame. Vendió a sus propios hijos y mató a cerca de cien bebés y recién nacidos. Realizaba partos clandestinos y dio cruel tortura a niños pequeños que le dejaban mujeres sin alma que no podían atenderlos. Tras matarlos, los descuartizaba y luego los tiraba en botes de basura.
En 2009 un caso conmocionó al municipio de Saltillo, cuando una madre de familia mató a sus dos hijos rociándoles gasolina y prendiéndoles fuego. La madre, Rocío Hernández, de 25 años de edad, también terminó quitándose la vida, rociándose con el combustible para después lanzarse sobre los pequeños, quienes ardían en llamas.
Dándoles de comer yogurt envenenado, una mujer de 25 años de edad mató a su hija de 8 años, y por poco lo logra con su otro hijo, también menor. Después se arrojó desde el balcón de su habitación en el hotel La Fuente, ubicado en 5 Oriente número 213, en la ciudad de Puebla. Mariela Esquivel Pinales no soportó que su esposo la dejara; se deprimió al grado de planear la muerte de sus hijos, aunque por fortuna uno de ellos sobrevivió.
Marisol Hernández de la Cruz tenía 21 años de edad cuando fue acusada del homicidio de sus dos hijos, de 4 años y 18 meses de edad, a quienes les dio raticida para que murieran y ya no sufrieran más, ya que probablemente se separaría de su pareja. Ella también trató de envenenarse, pero fue salvada a tiempo.
Se convirtió en una de las asesinas más despreciadas en los Estados Unidos. Se le acusó de haber asesinado a sus hijos, a quienes colocó en la parte trasera de su auto. Condujo hacia un lago. Quitó el freno de mano y el auto se hundió con los niños dentro, quienes murieron ahogados.