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Análisisjueves, 18 de agosto de 2022

Reflexiones sobre el legado electoral

Un caso que siempre me llamó la atención fue el de Uruguay –luego del advenimiento de la democracia– con los candidatos que promovieron los presidentes de la República como sus delfines políticos.

Esta larga e intrincada historia es una muestra nada más de lo difícil que es trasvasar votos de una figura a otra, y no solo en Uruguay, sino en el mundo entero.

Lo primero a entender es que cada candidato es único. Claro que viene portando una historia y un legado consigo, pero mayoritariamente es producto de su desempeño personal, más allá de que pueda contar con raíces que lo vinculan a una ideología o a una familia.

Vale aclarar que, así como esos líderes generan una gran adhesión de parte de algunos sectores de la ciudadanía, en otros segmentos de la población, obtienen indiferencia o rechazos absolutos.

Los casos más claros quizás sean el de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Álvaro Uribe en Colombia, Omar Torrijos en Panamá, los Kirchner en Argentina, Lula da Silva en Brasil, etc.

Pero los votos no se transfieren en ningún lugar del mundo.

marcellhermitte@gmail.com

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