El maestro de inglés Arturo González Morgan, es uno de ellos, quien recuerda cómo fue el vivir de cerca este fatídico evento en el que se encontraban muchos de ellos todavía en clase.
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Todo parecía indicar que el 24 de abril de 2002 sería un día como cualquier otro, en donde terminarían su jornada escolar decenas de alumnos y maestros que se encontraban cerca de las 20:00 horas en la escuela de inglés, llamada en ese entonces ESL, la cual en un inesperado momento fue víctima de un terrible accidente aéreo en el cual un helicóptero de la Procuraduría General de Justicia, que realizaba acciones de sobrevigilancia se desplomó, dejando grandes daños al centro escolar, a la casa contigua a ésta, así como a una maestra y al grupo de militares que tripulaban la unidad.
A 15 años de la tragedia sucedida en esta escuela ubicada sobre la calle Venecia y Casablanca del citado fraccionamiento, el hoy denominado colegio English Center, mismo en el que a pesar de haber cambiado su nombre comercial siguen laborando los mismos maestros y personal administrativo de aquel entonces, varios de los cuales recuerdan con asombro ese día, el cual los dejó marcados para el resto de sus vidas.
“Yo estaba en el salón junto a laboratorio, estábamos en receso y curiosamente había clase en la sala de maestros, donde cayó la cola del helicóptero y la maestra Rosario nunca los dejaba salir, ese día los dejó salir a receso, que gracias a eso no hubo fatalidades”, manifestó el maestro de inglés.
Diariamente sobrevolaban los helicópteros de la PGR por la zona, indicando que era exactamente sobre la escuela que estaba trazada su ruta de vuelo, por lo que no fue de sorprender el oír tan de cerca el estruendo generado por los motores y hélices de la misma, pero nunca imaginaron que después de ese ruido vendría un silencio tal que predecía el fatal incidente.
Gracias a su sentido de servicio y en auxilio de los caídos en esta desgracia, es que el maestro González Morgan no solo fue espectador en este suceso, sino un coadyuvante en las labores de rescate, siendo tal la adrenalina surgida por lo acontecido, que dice no recordar la ayuda que brindó, incluso a los militares heridos con ayuda de un grupo de alumnos.
“No me acuerdo quien me ayudó o yo ayudé a alguien a sacar a la maestra Carmen, quien fue la maestra que resultó lesionada; fue por unas fotos que yo vi después en donde yo traigo a un soldado cargando y estoy manchado de sangre, pero yo no recuerdo haberlo hecho, ni haber brincado la barda que está a un lado, pero después de ver las fotos pues me impresionó, porque fue la adrenalina la que me hizo actuar”, remembró.
Un grupo de trabajadores de Alarmex y el profesor González Morgan fueron los que, después de revisar que no hubiera alumnos en el predio, se dieron a la tarea de con extintores del colegio proceder a extinguir las llamar que salían todavía del helicóptero, en tanto las unidades de bomberos, PGR y policías municipales llegaban al lugar, mencionó la directora de este plantel, Laura Dávila que en aquel entonces también fungía como titular de la escuela.
Después de haber pasado ese trago amargo, el cual no terminó, sino hasta dos semanas de ocurrido el hecho al ser removida la aeronave por parte de la Procuraduría General de Justicia del Estado, quien se encargó en conjunto con la PGR de las investigaciones del siniestro, que pudieron retomar sus labores parcialmente, siendo meses más adelante y después de que el seguro de helicóptero pagara los daños ocasionados, que pudieron regresar a la normalidad.
Actualmente la escuela, misma que se encuentra muy cerca de las instalaciones del Cuartel de la II Región Militar, ha tomado todas las medidas posibles para hacer frente a cualquier eventualidad, incluso una como la ocurrida el 24 de abril de 2002, mencionando la directora del plantel que ya recuerdan la tragedia no solo como un hecho aterrador, sino con humor, pues se vislumbra en una de las ventanas de la oficina de dirección una señal de “se prohíben helicópteros”.
“Cuando yo iba a hacer declaraciones y estuve con ellos (los militares) yo sí les pedí que, por el problema que había ocurrido, habíamos quedado un poquito asustados y que evitaran pasar exactamente arriba de la escuela y ahora ya no pasan”, precisó la directora Dávila y el maestro González Morgan.