Las temibles Poquianchis
Las temibles Poquianchis
En 1964 se destapó la cloaca; la Ley les cayó en su burdel
Esta es una historia que impactó a la sociedad a principios de los años sesenta. Seguramente ha oído usted, amigo lector, hablar de “Las Poquianchis”, apodo que se les dio a cuatro hermanas, dueñas de burdeles y protagonistas de las más aberrantes páginas del crimen en México.
Delfina, María de Jesús, Carmen y María Luisa González Valenzuela fueron hijas del matrimonio entre Isidro Torres y Bernardina Valenzuela, quienes levantaron un imperio mediante el tráfico de mujeres, algunas casi niñas, a las que prostituían en sus tugurios.
Delfina fue la más ambiciosa, dejando a un lado sus escrúpulos de mujer honesta, abandonó la casa paterna y en 1958, con la herencia que le dejaron sus padres al morir, estableció una cantina con meseritas cariñosas, que se ofrecían a los parroquianos junto con las copas, en El Salto, Jalisco.
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Pronto se mudó a Lagos de Moreno, en el mismo Estado, e instaló un tipo de motel con sucios y malolientes cuartuchos para los amantes furtivos que buscaban un momento de privacidad y cama. Delfina, astuta y de mente siniestra, condenó a sus jóvenes empleadas al encierro forzoso.
El burdel fue bautizado entonces como “Guadalajara de Noche”. Para entonces las otras hermanas ya se habían sumado al negocio para crecer la “empresa familiar”.
María de Jesús halló un local en León, el cual bautizó como “La Barca de Oro”, pero los lugareños optaron por llamarlo “El Burdel de Las Poquianchis”. El apodo se debe a que el dueño de la cantina que regenteaba María de Jesús era un homosexual conocido con ese mote.
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El 14 de enero de ese año se destapó la cloaca de “Las Poquianchis”. La ley les cayó en su burdel de San Francisco del Rincón. La policía encontró cuando menos diez cuerpos sepultados y varios fetos.
Se calculó que “Las Poquianchis” eran culpables, por lo menos de 30 muertes, 20 inhumaciones clandestinas y del secuestro de 100 mujeres.
El juicio, tanto en San Francisco del Rincón, como en León, fue un espectáculo en el que las acusadas fueron insultadas y hasta hubo intentos de linchamiento.
Así, a muchos años de distancia, queda el triste recuerdo y testimonio de las víctimas, registrado en nuestros archivos policiacos como uno de los casos más espeluznantes de la historia del crimen en México.


















