diariodelsur
Análisislunes, 26 de septiembre de 2022

Carlos Morán | El formato original

Sucede a diario, la infidelidad es un acto común, como lo es también encontrar personas que lo aceptan y se resignan a vivir con el esposo infiel o la esposa que está adherida a él más por no perder posición social, estatus y el qué dirán.

-Aguántate “mijita”, mírame a mí, que tuve que soportar a tu padre borracheras, infidelidades y golpes por casi treinta años, y al final estamos juntos, nunca me lo quitaron y pues nos casamos para toda la vida-

El se cansó de vivir una vida frívola, de ceñirse a normas de una sociedad, a estar rodeado de sacerdotes y en campaña junto con su esposa para evangelizar a niños e inyectar valores: todo lo que en su casa no había, sobre todo amor y una vida sin poses vanas…

–Es el amor de mi vida- ¡Ya tenía un nuevo compañero! Dicho más simple, había vivido 30 años con un hombre que nunca había sido ni siquiera su amor, este era “el amor de su vida”.

Había encontrado una nueva horma del tamaño de sus ambiciones, volvía a su estado natural que tanto extrañaba.

Era nuevamente feliz porque tenía un hombre, un apellido de linaje que la mantendría segura en el concurso de las vanidades. Ya no era una mujer divorciada, ahora se presentaba como la esposa de don fulano de tal..

La cama ya no estaba vacía y el control de la televisión lo manipulaba el nuevo amor, tenía ropa ajena para lavar y planchar, una casa en donde ella era la pieza de Lladró que adornaba y daba luz.

Ya tenía quien la contradijera, con quien discutir, reñir y en pocas palabras, no extrañaba ni extrañó nunca al esposo de treinta años sino su cuadro, la pintura original de su vida a la que estaba pegada en formato original.

Para comentarios escríbeme a morancarlos.escobar1958@gmail.com

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