Hablemos de nosotras | 8 M, la lucha sigue
De nuevo el 8 de marzo, de nuevo las mismas consignas, las mismas peticiones. De nuevo también los ataques, las bromas, las defensas femeninas en favor de los hombres, de nuevo lo que algunos frentes colectivos llaman inclusión forzada de las mujeres trans.
Lo que no es nuevo es la lucha, esta es constante, continua, no tiene años sino siglos de ocurrir en el seno de la sociedad occidental dominada por el patriarcado desde sus cimientos y fundamentos a nivel legal, ideológico y social.
Con esos antecedentes no es raro que, fue apenas en 1992 cuando se publicó la nueva ley agraria, cuando se permitió a las mujeres heredar tierras ejidales en igualdad de condiciones que los hombres.
Se requirió que el artículo 12 de dicha ley definiera a los ejidatarios como “hombres y mujeres titulares de derechos agrarios” para que pudiera eliminarse la exclusión histórica que despojaba a la mujer de sus tierras en el ejido.
La ciudad no estaba mejor hace cincuenta años, la mujer mexicana requería el permiso expreso de su esposo llamado “licencia marital” para tener autorización a abrir una cuenta bancaria, poder trabajar, administrar bienes o poder tramitar una licencia de conducir.
Fue necesario que, en 1974, la cámara de diputados, ya, con algunas mujeres en sus curules, aprobó una reforma al artículo 4º constitucional estableciendo que “el varón y la mujer son iguales ante la ley”.
Aún así muchos estados tardaron más en dejar de lado esas “licencias maritales”.
La ideología da forma al pensamiento social, después de todo es la que fomenta el pensamiento crítico y alienta a cuestionar creencias que conduzcan a decisiones éticas.
Por supuesto que a nivel social, estos “fundamentos” siguen siendo empleados aún hoy, sí en pleno siglo XXI.
El condicionamiento actual que espera que una mujer no sea “empoderada” o segura de sí, ni interesada o peor: competitiva. Son, los mismos lineamientos de los filósofos, con otras palabras.
Ni qué decir de las religiones que esperan de la mujer ser “vaso frágil”, y que permita al varón ser “la cabeza del hogar”.
Las mujeres hemos pasado 20 siglos combatiendo estas ideas, rebelándonos, luchando, demostrando con un doble o triple esfuerzo pues de otro modo, lo que haga no es válido, no se documenta, no se respeta.
Es lógico dirás, se necesita la especificación para saber, pero ¿Porqué no necesitas que diga “fútbol varonil”, “tenis varonil”?
Lo peor: hombres exigiendo que haya un día del hombre; exhibiendo su total ignorancia pues ya hay uno internacional determinado el 19 de noviembre, propuesto por el consejo de hombres y adoptado por instituciones internacionales.
Este 8 de marzo, mujeres en todo el mundo saldrán a las calles, para expresar su rabia, su dolor, su voz, su hartazgo acerca del juicio que condena lo femenino a ser lo no deseado, lo ridiculizado, la comedia, lo enjuiciable.
Porque las exigencias con fundamento en el siglo XVII, XVII o XIX, no van a frenar más el avance femenino, sin importar ese chantaje que dice que las feministas acabaremos solas, llenas de gatos y bebiendo vino.















