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Análisisviernes, 19 de diciembre de 2025

Hablemos de nosotras / Resentimiento decembrino

Diciembre, por sus rituales es el mes más feliz y al mismo tiempo más doloroso del año.

Por un lado, el dolor, la rabia, decepción y tristeza. Por otro: sentir la obligación de perdonar a quien hizo daño, dar vuelta a la página, seguir con tu vida y no “amargar” las fiestas por algo que “ya pasó”.

Es una sensación rara porque incluso crees que estás mal o que eres mala por no sentirte feliz como deberías estarlo.

¿Por qué en diciembre?

La navidad con sus días de asueto es el momento que aprovechan muchas personas para viajar y estar unidos en las celebraciones además de que se celebrar el cierre de un ciclo y el inicio de otro.

Por un lado es confrontar a personas que, posiblemente no ves a diario y por el otro, es reflexionar acerca de cómo te fue en el año que concluye y plantarte metas para el siguiente.

No le debes nada a nadie

La palabra resentimiento (viene del latín, formado por el prefijo re- (repetición/intensidad) y el verbo sentire (sentir) y el sufijo -miento (acción/resultado), significando literalmente “volver a sentir”) se refiere a un dolor, enojo que se vive una y otra vez.

Aunque entiendas que se trata del pasado, la mente no distingue si ese dolor emocional es real, imaginario o un recuerdo, así que activa de nuevo los mecanismos de alerta que en su momento provocó el hecho.

¿Qué puedo hacer?

Aunque no hay una varita mágica, hay cosas que puedes hacer para lidiar con esa emoción.

Sanar es doloroso pero validar que lo ocurrido fue injusto te permite comenzar a buscar tu tranquilidad.

Deja de idealizar, las cosas no son como en las películas, la realidad suele ser ruda. Así que cuando tomas las cosas en tus manos puedes hacer el duelo por la relación que “debió ser” para poder lidiar con la que “es”.

Ahora puedes elegir tus batallas, comenzar a poner límites ya sea que te reconcilies o no.

Sin embargo, los límites no se tratan de prohibir a los demás sino de entender hasta dónde te vas a permitir aceptar lo que otras personas hacen. Decir no puede asustar al inicio, luego entenderás que te estás liberando de cargas que no te corresponden.

Volvamos al presente: Sanar viejas rencillas es un acto de autocompasión. Al soltar el peso del ayer, recuperamos la energía necesaria para construir proyectos, renovar relaciones o dejar ir sin rencor.

Lo más importante es que comprendas que tienes un súper poder: Tú puedes elegir. Está en tus manos decidir lo que permites, cómo lo permites y hasta dónde lo permites.

También está en tus manos ser paciente contigo misma, perdonarte si fallas o no encontraste el valor para poner un límite.

De nuevo, tú puedes intentar, planear y cambiar. Es un proceso, en tus manos tienes acceso a videos de las redes sociales que te ayudarán a comprender cómo avanzar en la sanación por tu bienestar.

Acudir a terapia, buscar ayuda es también una opción que está en tus manos.

Deseo que este fin de año, las reuniones sean diferentes porque tú has decidido cambiar y priorizarte a ti, nos vemos en 2026.

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