Desde backstage / Asistir importa más que disfrutar
Pero vale la pena preguntarnos, sin nostalgia forzada:
¿cuándo dejamos de ir a conciertos por gusto y empezamos a ir por pertenecer?
¿En qué momento cedimos la experiencia íntima de escuchar lo que amamos para convertirla en un trámite que se mide en likes?














