Desde backstage / Cancelaciones que dañan más que un concierto
Entre ambas posturas, la realidad es una: el público es quien pierde.
Porque los reembolsos, aunque necesarios, no resuelven todo. El tiempo, los traslados, los gastos adicionales y la expectativa no siempre se recuperan.
Los consumidores pueden acudir a la Procuraduría Federal del Consumidor para presentar quejas y buscar compensaciones. El boleto es un contrato y debe cumplirse. Pero incluso eso llega después del problema.
La industria del entretenimiento necesita confianza para sostenerse. Y la confianza no se construye en el escenario, se construye antes, en cada proceso que garantiza que un evento sí va a suceder.
Porque cancelar a horas de abrir puertas no solo detiene un concierto. Detiene la credibilidad de todo un sector.

















