Análisisviernes, 9 de marzo de 2018
Humanitas: arte y pasión
Humanitas: arte y pasión
Roberto González
bobiglea@gmail.com
Por el día de ayer hoy recordamos la historia mitológica del mito de Eva y Adán, así primero Eva. Este relato bíblico nos remite a la historia del origen de los primeros padres del pueblo elegido de Dios. Sin embargo, existen textos en los que aparecen interpretaciones sobre este relato (que en realidad en el Génesis aparecen dos relatos de la creación de Eva y Adán, 1-24 y 2-7). Uno de ellos es que Eva se rebela a su condición de ser pareja inactiva de Adán; otro es que tiene el poder de hablar con una serpiente que le sugiere comer del fruto del árbol de la sabiduría para así convertirse en seres humanos encarnados. Hay que decir que, respecto a este tema, la pareja divina no portaba un cuerpo de carne, ya que habitaban en una región sagrada, en la que sus cuerpos eran de sustancia divina, es decir, no eran humanos. Tenían que comer del fruto prohibido para revestir su cuerpo espiritual con la carne y poder habitar las regiones del mundo como humanos. También se encuentra el relato en el que Lilith la mítica primera pareja de Adán lo abandono porque no quiso someterse a su condición de rumiante, huyo del Grand ennui, se dice que anduvo vagando por regiones del Edén; otras versiones la asocian a la serpiente, es decir, a la consejera de Eva. Más tarde aparece en la región de Edom (Isaías 34.5-14) en donde es conocida como demonio, lechuza y en demonio de la noche.
Lilith es el símbolo de la mujer rebelde, que por haber sido creada del mismo polvo no quiso someterse al primer hombre. En la tradición judía Lilith es una figura femenina que se utilizó para explicar el mal que afligía a la humanidad. En cambio, Eva se presenta como la madre de todos los vivientes, una figura respetable que sirviera de ejemplo para las jóvenes judías. La tradición encontró en Lilith a la entidad femenina causante de todos los males de la humanidad, de la misma manera que la bella Pandora en los mitos griegos.
Para las sociedades decimonónicas inglesa y francesa, la figura de la mujer domestica viene a afirmarse en la ociosa clase burguesa de la época. La virtud femenina estaba en la ociosidad y el Dolce Far Niente, que provocó las imágenes de mujeres débiles, enfermizas, sin fuerza, lánguidas, indolentes jóvenes reclinadas sobre sus brazos que no sabían hacer nada, padeciendo el aburrimiento y el tedio. Esta condición enfermiza de domesticidad y opresión contra la mujer, fue en gran medida símbolo de estabilidad de la burguesía decimonónica.
Sin embargo, surgieron mujeres que se rebelaron a esta condición de opresión y de ocio, muy al estilo de la mítica Lilith. Esta otra mujer aparecerá en el arte y la literatura, como lo será Nora, el personaje de Ibsen en “Casa de muñecas” que abandonó a su esposo Helmer, reclamándole sus derechos como ser humano en condiciones de igualdad. La Madame Bovary de Flaubert que ante el aburrimiento y la insatisfacción de la vida doméstica decide tener amoríos con otro hombre que no es du marido. El personaje de Ana Karenina de Tolstoi y sus fuerte pasiones amorosas.
En realidad, celebramos el nacimiento de la otra mujer, la fuerte, la segura, la hacedora, mujeres que rompieron con el cliché de la domesticación, como la científica María Curi, Flora Tristán luchadora política y abuela de Paul Gauguin. Las pintoras Mary Cassatt y Bertha Morisot; las intelectuales como Lou Andreas Salomé y Alma Malher entre muchas otras. Todas estas mujeres fueron una evocación de Lilith y lucharon por la igualdad de género y su derecho a la libertad frente al eterno femenino. Ocho de marzo día internacional de la mujer.