El privilegio de aprender
Un paseo por las letras
Marcia Trejo “Kikey” / colaboradora Diario de Querétaro
La mocedad nos regala fuerza y tiempo, por eso resulta lamentable que quien tiene posibilidad de hacerlo, diga: ya no quiero estudiar.
Todos conocemos a alguien que arrepentido de no haber estudiado cuando joven, se lanza a esa aventura siendo mayor, con todo un poco más en contra, aunque siempre, eso sí, con la misma gran recompensa: aprender, saber, conocer.
La lectura nos muestra la magia que hay en las letras que forman vocablos y en los vocablos que forman frases e historias.
Pongamos en un sobre imaginario las palabras: Agua, papel, amanecer, amarillo, cuerpo, te, verano, aroma, taza, garganta, flores, soles, costalito y algunas otras.
Ahí están quietecitas, con los significados que conocemos, ajenas, como estudiantes que llegan sin conocer a nadie el primer día de clase; pero luego la magia aparece de la mano del o la poeta y descubrimos un texto como este:
Las hijas de Attilio, preguntaron si su abuela era tan insensible, y él les dijo que no, que la culpa había sido de él por no haber podido transmitirle la emoción, y que por eso había hecho poeta.
El universo es amplio y complejo, pero cada vez que aprendemos algo recibimos como regalo otra pieza del rompecabezas de la vida.
Mi experiencia como docente me ha obsequiado mucho aprendizaje, mucho entusiasmo, muchos puntos de vista y mucha alegría. Es precioso ver a estudiantes universitarios o de educación básica, conmoverse, descubrir y aprender a través de la lectura.





























