Máximo de espíritu nacional en materia minúscula que apenas
alcanza los mil metros de terreno, cantado por los poetas como
Guillermo Prieto y por los grandes científicos como Alberto Trueba
Urbina.
El solar donde se levantó el Teatro Iturbide
Querétaro ciudad culta, sin lugar digno para la cultura
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El corrido del
constituyente
Al proyector e iniciador de la obra, arquitecto Camilo San Germán, le siguió al frente de la obra el ingeniero inglés Tomás Surplice, quien aun cuando quiso modificar los planos tuvo que seguir los de su antecesor por la posición y características del terreno.
Inauguración, estreno y vida cultural en el coso
El bello coso, el mejor de su época, es pequeño en materia, pero gigante en espíritu porque ha sido escenario de los acontecimientos más importantes de la historia de México:
El teatro en la dictadura porfiriana
El Congreso Constituyente de 1916-1917
La Revolución se vuelve institucional en 1929
Teatro, laboratorio democrático de la planeación nacional
Nacido en Santander, dejó un legado artístico entre España, México y Estados Unidos a través de su pintura que capturaba lo esencial más allá de la apariencia
La filosofía del kintsugi está influenciado principalmente por el budismo zen, cuyo pensamiento se centra en la apreciación de la belleza en las imperfecciones
A partir de 1573 hubo una orden real en todo el Imperio español que obligaba a los pueblos, villas y ciudades a contar con una alhóndiga para aprovisionar de alimentos y granos básicos a las poblaciones en futuras emergencias, por lo que la Alhóndiga de Querétaro se construyó en el perímetro de la plaza de San Francisco, hacia el norponiente, concretamente en las esquinas de la calle segunda de San Antonio y de La Alhóndiga, actuales Ángela Peralta y Juárez. El terreno de la Alhóndiga cubría casi toda la cuadra y manzana. La propiedad era del Ayuntamiento de Querétaro desde 1578.
A todo esto hace falta una precisión: esta construcción comenzada en el siglo XVI fue llamada posteriormente como “la Vieja Alhóndiga”, para diferenciarla de la que construiría a sus expensas el muy generoso benefactor Juan Caballero y Ocio, a un lado de la Vieja Alhóndiga, en un terreno de su propiedad, heredada de su padre Juan Caballero y Medina quien a su vez compró varios predios ubicados en esa manzana a un tal Juan Durán en el primer tercio del siglo XVII. Allí nacieron los hijos de este poderoso militar virreinal incluyendo Juan Caballero y Ocio, que era el menor, viviendo muchos años la familia en esa casona, hasta que muerto el jefe de la misma, don Juan Caballero y Ocio se trasladó a vivir a un costado de La Congregación de Guadalupe y autorizó al Ayuntamiento de Querétaro utilizar el predio de referencia para la Nueva Alhóndiga, cosa en la que estuvo de acuerdo su hermano mayor de nombre Nicolás, al considerar que el viejo edificio era insuficiente para proveer de maíz a la gente pobre de la sociedad queretana. En mapas de la ciudad de finales del siglo XVIII se pueden observar ambas edificaciones convertidas en una misma casona, con similitud arquitectónica.
Al llegar la Independencia de México, los edificios realengos pasaron a formar parte del Estado Federal, de las entidades federativas o de los municipios, quedando en este caso la propiedad del solar de referencia (Alhóndiga Vieja) en favor del municipio de Querétaro, de eso no hay duda, pero en relación al terreno y destino del nuevo almacén es donde vamos a profundizar. El antecedente notarial de Gabriel Rincón Frías nos dice que ese solar fue comprado por Juan Caballero y Medina a Juan Durán allá por 1630 y que al heredarlo su hijo Juan Caballero y Ocio lo destinó para su morada y luego lo cedió al Ayuntamiento para la Alhóndiga. No hay que dejar a un lado que si el Municipio de Querétaro utilizó fondos de la masa hereditaria de doña Josefa Vergara para terminar de construir el Teatro Iturbide, pues lo más lógico es que destinó los productos de las funciones artísticas en favor del legado de la benefactora, al igual que escriturar el inmueble a su favor.
En 1845 los gobernantes y pueblo de Querétaro reflexionaron sobre la necesidad de contar con un teatro, digno de la ciudad, por lo que llegaron a la conclusión de que la Nueva Alhóndiga ya no cumplía con su función o no era tan necesaria porque había otros almacenes de víveres, y decidieron construir el teatro sobre 994.43 m2 del viejo almacén. El gobernador era Sabás Antonio Domínguez y el arquitecto, autor del proyecto y primer constructor, fue Camilo San Germán. El Estado le dejó al Ayuntamiento capitalino la responsabilidad de conseguir los 4 mil pesos necesarios para arrancar la obra, lográndolos gracias a que se le presionó al español don Cayetano Rubio –dueño de las principales fábricas- que cooperara como una especie de indemnización al pueblo por el aprovechamiento que hacía de las aguas del Río Blanco (hoy Río Querétaro).
Al determinarse construir el teatro en este lugar, se liquidaba una institución colonial, que cumplió un cometido benéfico sin duda pero que no dejaba de representar el colonialismo que debía desaparecer. Comenzó la obra bajo los mejores augurios, sin primera piedra, porque lo importante era trabajar, omitiendo el lucimiento. El gobernador del departamento de Querétaro (estábamos en pleno centralismo), Sabás Antonio Domínguez, encabezó una comisión el 23 de abril de 1845 que integraron diputados locales, el prefecto del distrito de Querétaro y presidente del Ayuntamiento capitalino, el comandante general y el síndico procurador más antiguo del Ayuntamiento de Querétaro, Ignacio Pozo, para acudir ante escribano público para señalar los términos, plazos y condiciones del compromiso de veintisiete empresarios interesados en colaborar con la obra, tal y como lo escribió la doctora Mina Ramírez Montes en El Heraldo de Navidad 2016 en su magnífico artículo titulado “Los cimientos del Teatro de la República”. Se formó una Junta Directiva integrada por ocho miembros dispuestos a conseguir los $30,821. 00 pesos que costaría la obra y que tenía que terminarse en dieciocho meses.
La guerra contra los Estados Unidos interrumpió el proyecto del coso, en la agresión más villana que hayan consumado éstos en su larga historia de atropellos internacionales, Querétaro se convirtió en capital de la República con el traslado de los poderes federales, a la cabeza de los cuales estaba el presidente de la República Manuel de la Peña y Peña.
Entonces se pensó en continuar la construcción abandonada del Teatro, para lo que se volvió a pedir la cooperación de quienes pudiendo se habían hecho accionistas de la empresa. Más, como corresponde a la grande obra que iba a resultar, las dificultades menudearon y pasó un año – 1849 – y no se advertía avance en la misma; los accionistas se fatigaron de aportar cantidades para la misma y prácticamente la abandonaron. La dejaron en manos del Ayuntamiento queretano, al que cedieron sus aportaciones, a condición de que la continuase por su cuenta y, una vez concluida la obra, sus productos fueran a engrosar el patrimonio del Hospicio fundado con los bienes que para ello destinó doña Josefa Vergara y Hernández.
Es designado gobernador Ramón María Loreto de la Canal de Samaniego. Inició su gestión este gobernante el 25 de agosto de 1851 y la concluyó, salvo un interinato, el 30 de noviembre de 1853. Él vio lo que habían deseado sus próximos antecesores: ver concluida la obra. Más previamente a su terminación hubo de tomarse una determinación importante: la de dar nombre al teatro. No meditó mucho el gobernador el nombre que habría de imponerse al teatro y así expidió un decreto, haciendo consideraciones históricas y sentimentales para imponerle el nombre de Iturbide.
El 29 de abril de 1852 fue terminado y bendecido el coso, y su inauguración y estreno el 2 de mayo del mismo año, con la reticencia de los conservadores locales que no querían ver representadas “obras inmorales” que iban a dañar “el alma de los pueblerinos”. El 16 de septiembre de 1854 se estrenó en él el Himno Nacional mexicano; por unas horas fue estrenado primeramente en este coso que en el resto del país.
Cuando el Municipio de Querétaro renuncia en 1898 a seguir administrando el sufrido patrimonio de la benefactora Vergara el gobierno del Estado, encabezado por Francisco González de Cosío, asume esa función, situación que se prolongó hasta 1992 en que el gobernador Enrique Burgos García regularizó todo el patrimonio de Josefa Vergara y creó una institución de asistencia privada con mucha certeza jurídica (NR: así continuó hasta el mes de noviembre de 2016, cuando la institución de asistencia privada vendió al Senado de la República el histórico recinto para ser remozado con motivo de la celebración del centenario de la Constitución).
Fue el escenario donde se consagró de México para el mundo la talentosa soprano Ángela Peralta en el último tercio del siglo XIX. Fue sede del Tribunal de Guerra que juzgó y sentenció a muerte a Maximiliano, Miramón y Mejía del 12 al 15 de junio de 1867 y su techo de plomo fue desmantelado para fabricar balas de cañón en favor de los sitiados en el famoso Sitio de Querétaro.
Apenas iniciado el siglo XX y llegada la época alegre de las fiestas navideñas, se invita al dictador don Porfirio Díaz a visitar Querétaro. El anuncio del retorno a Querétaro de Porfirio Díaz, entusiasmó al mundo oficial y a la capa social privilegiada que pesa sobre la masa popular. Es suntuosa la recepción que se le tributa y muchos y varios los actos a los que concurre. Pero si ha de destacar alguno, éste fue la verbena que se le ofreció en el Teatro de Iturbide.
Acogió también el hoy Teatro de la República en su seno -previa remodelación, como instalarle una tribuna de madera fina- a la última asamblea constituyente mexicana, la de 1916-1917, compuesta de 219 diputados constituyentes, los cuales sesionaron de manera previa del 27 al 30 de noviembre de 1916 en él, para después hacerlo como Congreso Constituyente del 1 de diciembre hasta el día 31 de enero del año 1917 en que se protestó y firmó la Carta que hoy nos rige. Cambió su nombre de Teatro Iturbide a Teatro de la República el 27 de septiembre de 1922.
Al morir el presidente de la República electo, Álvaro Obregón, el Jefe Máximo de la Revolución Plutarco Elías Calles, convocó a la fundación de un partido nacional en el teatro de la República que conglomerara a todas las organizaciones y partidos políticos locales y regionales y para ello, junto con el presidente interino Emilio Portes Gil y el general Manuel Pérez Treviño, presidente de la comisión organizadora, designaron a la ciudad de Querétaro para ser la sede que recibiera a los delegados de toda la República para constituir lo que iba a ser llamado el Partido Nacional Revolucionario. Eran grupos dispersos, sin ideología definida de tipo nacional, que luchaban unos contra otros en busca de la hegemonía política.
Ante la consideración de que un período de cuatro años es breve para realizar un programa de gobierno, la Constitución de 1917, aprobada en el Teatro de Iturbide, era reformada a fin de alargar el período presidencial a seis años. Surge en el Teatro el primer Plan Sexenal en diciembre de 1933.