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Culturadomingo, 9 de octubre de 2016

Símbolos y Libertad

Exposición sobre la masonería en la independencia de México

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Redacción

El masón toma el símbolo como vehículo de conocimiento y no como objeto de culto. Además, estos símbolos materiales han sido creados o adoptados de otros movimientos o prácticas ideológicas que se manifestaron durante las diversas etapas de la Antigüedad y la Modernidad.

La masonería proclamaba libertad, progreso y civilización, como augurio del reinado de la razón, la fraternidad, la igualdad, y el bienestar de la humanidad. Existía, por un lado, una única masonería y por otro, muchas logias masónicas, distintas unas de otras en cuanto a su orientación teórica y variedad de ritos.

En los hechos históricos y en la conformación de las élites políticas dominantes en las revoluciones europeas e hispanoamericanas gestadas entre los siglos XVIII y XIX, la masonería jugó un papel relevante.

Esta exposición pretende darla a conocer como formadora de una ideología que llevó al movimiento bélico que concluyó con el periodo virreinal en territorio mexicano.

El arribo de la masonería a la Nueva España

La masonería se introdujo en la Nueva España a finales del siglo XVIII y principios del XIX, con las corrientes ideológicas que se dispersaron a través de la Ilustración y el Enciclopedismo, que pregonaban los derechos del hombre, la soberanía popular y el principio de libertad.

En plena época de la lucha independentista se continuaron formando las logias que sirvieron de refugio a los conspiradores. El rito escocés se introdujo en 1813 con las tropas expedicionarias españolas que venían a combatir a los insurgentes, estableciéndose la segunda logia en Jalapa con el nombre de Caballeros Racionales.

Más tarde, entre 1815 y 1816, en la ciudad de México, se conformó la Gran Logia Masónica, con el español Felipe Martínez de Aragón, miembro de la audiencia como su gran maestre, con el apoyo de Fausto de Elhúyar, director de la Escuela de Minería, y de Manuel Codorniú.

Durante 1817, en la casa de los capellanes del convento capitalino de Santa Teresa la Antigua, se reorganizó la masonería mediante tres cartas patentes aprobadas desde Estados Unidos por la Gran Logia de Luisiana. Otra logia que se formó en 1821 fue El Sol, por Manuel Codorniú, cuyo objetivo principal fue sostener el Plan de Iguala.

A partir de este último hecho, el ayuntamiento de la ciudad de México convocó a una junta de delegados, en la que el virrey Iturrigaray, Francisco Primo de Verdad, siguiendo una idea liberal, propuso la formación de un gobierno provisional que hizo reaccionar a los peninsulares, uniéndose para encarcelar al virrey y demás integrantes de dicha junta.

Las medidas impopulares de la Corona española para los novohispanos, produjeron una crisis financiera que repercutió en la administración del virreinato. La explotación del trabajo y la falta de derechos generaron un descontento, que se vio materializado en las primeras conjuras.

La conjuración fue descubierta gracias a la denuncia de uno de los asistentes y sus participantes fueron detenidos y puestos en prisión, pero en marzo de 1810 el virrey ordenó su libertad.

El grupo conspirador pretendía alzarse en armas el 8 de diciembre de 1820 en San Juan de los Lagos, Jalisco; pero fue denunciado el 9 de septiembre de ese año. Al día siguiente, supo el corregidor Domínguez que la conspiración había sido descubierto, por lo que de inmediato lo comunicó a su esposa, quien a su vez, previno a los conspiradores.

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