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En la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, señala REDIM, se establece que las niñas, niños y adolescentes tienen derecho, entre otras cosas, a una educación de calidad basada en un enfoque de derechos humanos que garantice el respeto a su dignidad humana y que fortalezca el respeto a los derechos humanos (Art. 57).
En este mismo instrumento se especifica que “[…] las autoridades competentes llevarán a cabo las acciones necesarias para propiciar las condiciones idóneas para crear un ambiente libre de violencia en las instituciones educativas […]” (Art. 59). Además, de acuerdo con la misma ley, las autoridades federales, estatales y municipales deben fomentar “la convivencia escolar armónica y la generación de mecanismos para la discusión, debate y resolución pacífica de conflictos”, además de elaborar “protocolos de actuación sobre situaciones de acoso o violencia escolar” (Art. 57).
“La violencia de la escuela, también reconocida como institucional o simbólica, es aquella que se ejerce hacia los alumnos a partir de los recursos propios de la escuela y que se expresa mediante procesos de exclusión, discriminación o maltrato por parte de los adultos. La violencia en la escuela alude a aquellos actos que se expresan en el espacio escolar y que se producen a partir de fenómenos externos, tanto en el contexto local como en la violencia estructural y sistémica.
La violencia contra la escuela es una respuesta a la violencia institucional que se manifiesta a través de actos que dañan el espacio y las actividades escolares, o bien, contra docentes o autoridades. Esta demarcación de los ámbitos no es simple, y tiene como principio concebir a la escuela no como un mero receptáculo de los actos violentos, sino reconocer las responsabilidades propias de la escuela en tanto que promueve y propicia muchas veces las relaciones violentas entre sus actores” (La investigación sobre la violencia escolar en México: tendencias, tensiones y desafíos)
A inicio de 2025, Lorna Huitrón exponía “Violencia escolar en aumento: 205% más reportes de acoso escolar en México este año”. (infobae). En un contexto alarmante de violencia escolar, los reportes de acoso escolar en México han aumentado en comparación con el año 2019. Este incremento refleja la creciente preocupación sobre la violencia que afecta a estudiantes de diferentes niveles educativos en el país.
De acuerdo con las autoridades, la secundaria es el nivel educativo donde ocurre el 45 por ciento de los casos de acoso escolar, seguido por la primaria con un 27 por ciento. Los niveles de educación superior (preparatoria y universidad) también se ven afectados, aunque en menor proporción, representando el 17 por ciento de los casos.
Entre las formas de violencia y perfil de las víctimas destaca: Violencia física (29 por ciento), Violencia verbal (26 por ciento), Violencia psicológica (14 por ciento), Acoso sexual (12 por ciento) y Exclusión social (6%). Un fenómeno cada vez más común es el acoso a través de redes sociales, que afecta al 11 por ciento de las niñas, niños y adolescentes. La violencia en línea se está convirtiendo en un desafío creciente para las autoridades y padres de familia, pues muchas veces ocurre fuera del ámbito escolar pero afecta profundamente a las víctimas.
El 55 por ciento de los casos registrados afectan a mujeres adolescentes. El 49 por ciento de las víctimas tienen entre 12 y 15 años. En términos geográficos, la Ciudad de México concentra el 74 por ciento de los casos, con delegaciones como Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón. También se reportan casos en estados como Puebla, Veracruz, Querétaro y Durango.
En “La investigación sobre la violencia escolar en México:tendencias, tensiones y desafíos” Claudia Lucy Saucedo Ramos y Carlota Guzmán Gómez, académicas de la UNAM afirman que una de las principales tensiones en el campo de la investigación sobre la violencia escolar en México es la delimitación de su propio objeto de estudio. Se trata de un concepto polisémico, multidimensional y complejo, por lo que no hay acuerdo entre los investigadores acerca de cómo definirlo.
La primera dificultad en su uso es que suele asociarse con fenómenos heterogéneos que se presentan en el espacio escolar, tales como el robo, la agresión contra los maestros, las peleas entre alumnos, el desorden, la falta de atención en el aula, entre otros. Cada una de estas expresiones de violencia, no solo responde a diferentes lógicas, sino también son de distinta gravedad y tienen repercusiones diferentes.
Algunos autores franceses expresan Saucedo Ramos y Guzmán Gómez, han distinguido entre la violencia de la escuela, en la escuela y contra la escuela. No se trata de un simple cambio de preposiciones, sino de la demarcación de los ámbitos de expresión y sus lógicas. La violencia de la escuela, también reconocida como institucional o simbólica, es aquella que se ejerce hacia los alumnos a partir de los recursos propios de la escuela y que se expresa mediante procesos de exclusión, discriminación o maltrato por parte de los adultos.
La violencia en la escuela alude a aquellos actos que se expresan en el espacio escolar y que se producen a partir de fenómenos externos, tanto en el contexto local como en la violencia estructural y sistémica. La violencia contra la escuela es una respuesta a la violencia institucional que se manifiesta a través de actos que dañan el espacio y las actividades escolares, o bien, contra docentes o autoridades. Esta demarcación de los ámbitos no es simple, y tiene como principio concebir a la escuela no como un mero receptáculo de los actos violentos, sino reconocer las responsabilidades propias de la escuela en tanto que promueve y propicia muchas veces las relaciones violentas entre sus actores.
Sostenemos, dicen, Saucedo Ramos y Guzmán Gómez, que para entender las violencias escolares hay que tomar en cuenta los entrecruces de las participaciones de diferentes actores sociales. Ellos construyen, a partir de sus propias posiciones y experiencias, explicaciones acerca de lo que es la violencia escolar y cómo tratarla. Así, el personal de la escuela por lo general tiende a responsabilizar a la familia y a los propios alumnos de los problemas que se presentan. Se llega a hablar de familias disfuncionales, barrios violentos, alumnos sin límites en sus hogares y padres poco interesados en apoyar a los docentes o que están en su contra.
Aunque el personal de la escuela reconoce que hay prácticas escolares que pueden generar violencia en las aulas, finalmente la mirada explicativa recae en el exterior, hacia las familias y sus hijos. En cuanto a los alumnos, identificamos una postura distinta que se contrapone a la mirada institucional. Aquello que desde el punto de vista de los docentes y de los directivos son faltas de respeto, indisciplina o actos violentos, desde el sentido y el significado que le confieren los propios alumnos se trata de diversión, de formas de posicionarse y defenderse frente a los docentes o sus pares.
Ante este panorama, el Secretario de Educación Pública, Mario Delgado, anunció un fortalecimiento de las estrategias de prevención y atención al acoso escolar. Se destacó la importancia de trabajar en coordinación con las autoridades educativas federales y locales para implementar programas más efectivos que ayuden a erradicar la violencia en las escuelas.
El aumento del 205 por ciento en los reportes de acoso escolar en México es un reflejo claro de la creciente problemática de violencia escolar que afecta a miles de estudiantes cada año. El problema no solo es educativo, va más allá, es social, cultural, económico. Frente a esta problemática se debería establecer una coordinación intersecretarial a nivel federal y estatal, e involucrar más a los padres de familia y asociaciones civiles que se interesan en coadyuvar con las soluciones más favorables a los derechos de la infancia.