Talladores de tarjetas
Y no me refiero a la prevención que consiste en dar una serie de recomendaciones a los usuarios, sobre evitar aceptar ayuda de terceros, o de personas extrañas que se encuentren dentro del espacio en donde están instalados los cajeros automáticos.
La prevención tampoco funciona si tiene como finalidad únicamente alertarnos de las ‘zonas rojas’ o de mayor frecuencia para que se logren perpetrar estos hechos.
O que nos hagan énfasis en poner mucha atención en que el cajero que se usa no aparezca vandalizado o con algún objeto extraño o sobrepuesto en el lector de las tarjetas.
Además, ¿no sería acaso más peligroso darle a saber a otras personas las fechas, los días o las horas en las que vamos a hacer una disposición o un movimiento bancario?
Incluso, no está entre las mismas recomendaciones de las autoridades guardar secreto o discreción para con terceras personas de los movimientos u operaciones bancarias que hacemos en el diario vivir, precisamente con el fin de evitar robos, o exponernos a la inseguridad.
Entonces, ¿qué se necesita? Para empezar, reforzar la seguridad y vigilancia en todos esos lugares en donde hay colocados cajeros automáticos, máxime si se trata de sucursales bancarias.
Motivos por los cuales los lugares en donde ocurren estos asaltos no son desconocidos por los bancos. Y pueden tomarse las medidas adecuadas para implementar vigilancia, persuadiendo a los atacantes de sumar más víctimas.
Segundo, medios efectivos y rápidos de integración de las quejas y reclamaciones relacionadas con este tipo de hechos en concreto, contando con sistemas de videograbación efectivos, para comprobar el dicho de los reclamantes.
Y esto porque es totalmente inverosímil que en la mayoría de los casos esos reclamos de los clientes bancarios tienden a reforzarse para su comprobación, ofreciendo las cintas o las videograbaciones con las que cuenten los bancos, captadas al momento de los hechos.
Y resulta que la respuesta sobre el particular es que se carece de videograbaciones o que no fue posible obtenerlas porque la institución bancaria no cuenta con los respaldos relativos.
Más bien, se les obliga a hacer su queja telefónica, desplegándoles un menú casi imposible de acertar para precisar el supuesto concreto del que fueron víctimas, o se les desorienta enviándolos a las fiscalías para “dar con los culpables”.
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@terecarbajal















