Los motivos de Román
Alto, blanco, delgado y muy apuesto, heredero de una gran fortuna, Román hubiera podido ser el mejor partido de Tuxtla Gutiérrez, de no ser por sus extravagancias y por su obstinada actitud para no trabajar ni involucrarse en los negocios de su familia.
Paradójicamente, le encantaba gastar, comprar por compulsión, pagar las cuentas de sus amigos y conocidos en los mejores lugares, tener el reloj más caro, manejar los autos más lujosos y cosas por el estilo.
Cuando cumplió cuarenta años de edad, el padre de Román le puso un ultimátum: o se incorporaba a las empresas de la familia o tendría que marcharse de su casa y dejaría de recibir la pensión que se le pagaba religiosamente para sus gastos.
A veces la desgracia se cuela en la vida de las personas por los lugares más inesperados, y en este caso la vía idónea fue cuando por azares del destino, Ana Laura conoció a Ignacio, cuando la chica fue de visita a casa de su abuela.
A pesar de no gustarles mucho el tipo racial de Ignacio, los padres de Román y Ana Laura aceptaron que él se convirtiera en novio formal de su hija, pues detrás del muchacho había mucho poder político, influencias y, sobre todo, dinero.














