Con sus amigos André du Bouchet, Jacques Dupin, Gaetan Picon y Louis-René des Forets fundó L’Ephemere, una revista dedicada al arte y la literatura, sólo duraría hasta 1972. En 1968, casado con la pintora estadunidense Lucy Vines, viajó a India.
“Casi cincuenta años más tarde afirmará, en Nuestra necesidad de Rimbaud: “Lo necesitamos para ser fieles a nosotros mismos”, y dice: “Porque el genio es, precisamente, al menos en materia poética, un ser fiel a la libertad.”
El encuentro quie iba a contar con la presencia de Enrique Bunbury y Lila Downs se celebraría del 25 al 28 de febrero, pero fue pospuesto por la ola de violencia que desató la muerte de El Mencho
En esta última semana de febrero, varias fechas importantes nos invitan a reflexionar sobre el impacto de las acciones humanas en la salud pública, la naturaleza y la tecnología
En el clima cálido de Chiapas, identificar si una planta está deshidratada o quemada por el sol puede marcar la diferencia entre que sobreviva o se marchite
Marina Stavenhagen, directora del inmueble, mantiene diálogo con los trabajadores; dice que destituir al director de Administración y Finanzas no es la solución
Del 16 al 22 de febrero se recuerdan fechas como el Día Mundial de la Justicia Social, la Lengua Materna y la Encefalitis, entre otras jornadas de concientización
Las casitas son más que simples sillas; son un emblema de la tradición de los Cohuinas en este carnaval, utilizadas para transportar a los invitados especiales
“…las metáforas están hechas para mostrarnos lo que nuestro ordinario pensamiento conceptual nos oculta… Las piedras al sol, basta voltearlas para que debajo fulguren oscuramente las aguas de lo irracional, de los fantasmas, del pensamiento mágico.” I. Bonnefoy.
Es apenas necesario referirnos a la trayectoria del poeta Ives Bonnefoy para intimar con su realidad intelectual y poética, pues el escritor de Las uvas de Zeuxis no escribió el poemario de manera accidental o gratuita. Es el resultado de una visión que se acicala en el pasado para mirar el presente, sencilla y profundamente. Lo referido a lo biográfico lo dejamos a un lado. Veamos.
Yves Bonnefoy (París, 24 de junio de 1923 - 1 junio 2016), poeta, traductor y crítico de arte sostuvo que la presencia es la presencia inmediata, pura, vinculada inexorablemente al mundo; a pesar de ser un pensador sólido y brillante, sostenía que el concepto y la abstracción “pueden separar a los seres humanos del mundo sensible”. Se alejó de lo trivial, como cierta poesía, por ejemplo, norteamericana, si se considera, como él, que lo trivial y lo inmediato es falso, por esa precisa consideración poética le interesó entender el mundo rescatándolo por medio de la revaloración de las experiencias sensibles, emocionales, nada más que desde la historia y la filosofía. En su libro Territorio interior escribió: “…si el territorio interior ha permanecido para mí inaccesible –y aun así, lo sé bien, siempre lo ha sido, no existe- no es por eso completamente ilocalizable, basta con renunciar, por poco que sea, a las leyes de la continuidad de la geografía ordinaria y al principio del tercero excluso”. Y explica: “En otras palabras, la cima posee una sombra donde ella misma se oculta, pero la sombra no cubre la totalidad de la tierra”. La realidad exterior e interior no tienen límites y por ello el conocimiento, desde donde se realiza es limitado. Solo la riqueza imaginaria ayuda a percibir, deletrear cientos asuntos humanos y de las otras realidades.
Debemos enterarnos que los acercamientos poéticos de Bonnefoy, inicialmente fueron franceses: Nerval, Baudelaire, Rimbaud y Mallarme, fundamentalmente. Puntos de partida esenciales de la poesía moderna. Los ha estudiado renovando las lecturas de sus obras, además de sus reflexiones sobre la poética de Shakespeare, Laforgue y varios pintores.
Miguel Ángel Muñoz, en su texto Yves Bonnefoy: el golpe del lenguaje poético, (Diario mexicano La Jornada, febrero 12, 2006) cuenta que el poeta le dijo en una entrevista: “El único heredero posible del labrador es el artista”, y continúa: “la esperanza que deposito en el lenguaje es la que hace que parezca que no me intereso por los problemas contemporáneos. Mi reflexión, mi trabajo, consiste en dar prioridad a todo lo que puede ayudar de manera más radical y directa a mejorar la situación del mundo: no ataco los conflictos o debates del momento, uno a uno, sino que he optado por ir a buscar la raíz del mal: el desastroso empleo que nuestra modernidad hace del lenguaje”.
Homero Aridjes ha escrito y publicado un texto (La Jornada, febrero, 9 de 1014) muy bien informado sobre el poeta: Ives Bonnefoy y el territorio interior, en el cual afirma: “Yves Bonnefoy es considerado como el poeta francés de mayor importancia e influencia desde el fin de la segunda guerra mundial hasta nuestros días, además de ser reconocido como un gran crítico, ensayista y traductor. Su rico pensamiento, su meditación sobre el arte y la literatura, evidencian una vasta erudición que no abruma ni ahuyenta al lector; por el contrario, lo animan a seguirlo con certidumbre por el laberinto del conocimiento. Sus poemas hablan íntimamente a cada lector. En su poesía se entretejen ideas sobre el arte, el ser y el acto de creación. Él ha dicho que el “poema no es una actividad didáctica, no tiene que explicar la experiencia del mundo que busca profundizar”. Y ha escrito el poeta francés: “Amo la tierra, y lo que veo me deleita, llegando a veces a creer que la línea continua de las cimas, la majestad de los árboles, la vivacidad del agua avanzando por el fondo de una barranca, la fachada elegante de una iglesia –porque en algunos lugares y a ciertas horas son tan intensas– deben haber sido creados para nuestro beneficio.”
Retomo la información bibliográfica ofrecida por el poeta, narrador y ecologista mexicano, Homero Aridjis, para informar a los lectores. Bonnefoy es autor de Del movimiento y de la inmovilidad de Douve, (1953), Ayer desierto reinante y Piedra escrita. Autor también de Pinturas murales de la Francia gótica, además de traducciones de William Shakespeare: Hamlet, Julio César, El cuento de invierno, Enrique IV y El rey Lear, y los poemas “Venus y Adonis” y “El rapto de Lucrecia”. Una de sus traducciones adelantadas fue Un camisón de franela, obra teatral escrita en inglés por la pintora Leonora Carrington, escrita en 1967.
De la traducción, dijo el poeta en su texto La traducción como intercambio: “La traducción puede ser una pérdida de poesía, un peligro para la idea de la poesía. Pero, al mismo tiempo, tiene la fortuna de ser lo que intensifica su necesidad y recuerda su derecho a existir y su valor redimidor en un mundo en el que el discurso conceptual amenaza cada vez más con anegarlo todo. La traducción es, así, mucho más que un nuevo texto: es un lugar de confluencia, la indicación de un camino”. ((Traducción de Clara Curell).
Bonnefoy, ha escrito, cita Aridjis: “La poesía es la memoria de esos instantes de presencia, de plenitud experimentada durante los años infantiles, seguida por la aprehensión del no-ser que yace debajo de esos instantes y que se traduce en duda, y luego por esa indecisión que constituye la vida; pero que también ella es una reafirmación, representa nuestra voluntad de que debe de existir un sentido en el momento en que el sentido desaparece.”, “vivir en la intensidad de un lugar particular, de un momento preciso”.
En un principio estudio Matemáticas y Filosofía en Tours y en la Universidad de Poitiers; a los veinte años Bonnefoy se fue a París con la intención de dedicarse a la poesía. Allí avanzó en esos estudios, más Historia de la Ciencia en la Sorbona. Entre sus maestros se encontraba Gaston Bachelard, director del Instituto de Historia de las Ciencias y de las Técnicas. Cuenta Aridjis que “Bonnefoy ha dicho que el Psicoanálisis del fuego fue de los primeros libros que compró, en 1940, todavía viviendo en la provincia. Bachelard consagró gran parte de su obra a indagar en la naturaleza de la imaginación, a examinar los lazos entre la literatura y la ciencia (entre lo imaginario y la realidad, se puede decir). Los cursos de Bachelard que más interesaron a Bonnefoy fueron sobre Filosofía de la Ciencia, Física y Metodología Científica. Otro maestro que influyó en él fue Jean Wahl, por sus estudios sobre las filosofías de la experiencia (inauguradas por Kierkegaard). Bajo la influencia de Wahl escribió una tesis sobre Baudelaire y Kierkegaard”.
Otro libro publicado en 1972 que “es clave, sostiene Aridjis, para entender su proceso creativo y su espíritu poético, L’Arriere-Pays, la tierra adentro o el territorio interior”. Además otro libro importante Raturer outre (Tachar siempre más allá). “En 1961, Bonnefoy publica el primero de tres libros sobre Rimbaud, quien es, junto con Baudelaire, uno de sus poetas predilectos. Tres años después, en Rimbaud por sí mismo escribe Bonnefoy: “La verdadera poesía, la que es recomienzo, la que reanima, nace cercana a la muerte. Lo que llamamos una ‘vocación poética’ no es más que un reflejo de lucha, vuelta inútil a menudo por el mal sueño de la existencia banal, ese sueño que va a la muerte.” Para Bonnefoy, Las flores de mal, de Baudelaire, es el libro maestro de la poesía francesa”. El ensayo que le dedica a Baudelaire en Lugares y destinos de la imaginación es renovador, es otra lectura a las acostumbradas.