Traje de chiapaneca: la historia milenaria que refleja su bordado
La Maestra Lucía Cruz desentrañó los secretos y transformaciones del icónico traje de chiapaneca, una pieza que va más allá de la moda para sumergirse en la historia
Jose Sánchez / El Heraldo de Chiapas
El término "traje de chiapaneca" arraigado desde la época de la Conquista española ha experimentado una metamorfosis notable. Se inició en la década de los 40 en un tono "monocromático" para luego, en los años 70, desplegar una diversidad de matices y colores.
Durante la Colonia en 1522, las mujeres chiapanecas utilizaron materiales europeos para embellecer sus trajes: el matizado y el encaje español. Sin embargo, la adquisición de este último era difícil, limitando el vuelo del atuendo.
El tul se convirtió en un recurso fundamental para la ornamentación, con pequeñas flores de un centímetro sin un patrón definido al inicio, evolucionando luego hacia el modelo de la rosa en la década de los 30. Esta transformación marcó un hito en el diseño.
El trayecto del vestido de chiapaneca ha sido notable, pasando de ser una prenda cotidiana a un atuendo elegante de relevancia internacional, destacado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Cosido a mano y originario de Chiapa de Corzo, este traje, representativo de Chiapas, busca reflejar la riqueza de la flora local, contrastando con la exuberancia de la selva, motivo por el cual el tul para el bordado es negro. Una historia rica y colorida en cada puntada.
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