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Gran esplendor se vivió en la época de oro de las enormes salas de cine que formaban parte del entretenimiento de la población que carecía de medios electrónicos de los que hoy en día se cuentan al por mayor. Estas construcciones, estaban diseñadas en muchas ocasiones, no sólo para la proyección de películas, sino para la presentación de obras de teatro y eventos masivos relacionados con tomas de posesión de líderes sindicales o para organizar mítines en apoyo a cierto candidato del medio político. Eran otros tiempos que, tal vez nunca olvidaré, porque formaron parte de mí vida, en una etapa donde había poco que ver, y el cine llenaba esos espacios de diversión para chicos y grandes. Varias salas en Chihuahua se fueron edificando, entre aquellos que todavía están en mis recuerdos, como: el Alcázar, Plaza, Azteca, Estrella, Ávalos, Colonial, Lux en Delicias, Premier, Chihuahua, Variedades, Alejandría y en esta ocasión, el cine Dorado.
El cine Dorado tal vez se encuentra en la memoria de varias generaciones que pudieron entrar a sus amplias instalaciones, y donde su fama se fue dando, al ser una de las salas de proyección de películas que “atentaban” contra la moral. Aunque durante sus primeros años, pudo presentar también funciones que se enfocaban al ámbito familiar, de eso no lo duden. El cine estaba localizado en las avenidas Niños Héroes y Venustiano Carranza, era una alternativa más de diversión para las familias de Chihuahua. Fue entonces que, con una inversión de cuatro millones de pesos, la empresa de salas para proyección cinematográfica: “Circuito de Oro”, iniciaba los trabajos para construir el nuevo centro de entretenimiento. Los trabajos fueron a marchas forzadas, pues un número importante de albañiles y maestros de obra se daban a la tarea como hormiguitas, para terminar el gran proyecto. Ladrillo, tras ladrillo, mezcla y más mezcla, junto a los tacos y burros recalentados, era el ambiente que privaba en los terrenos del que iba a ser el “Cine Dorado 70”, muy cerca de la nueva década de los 70s. del siglo pasado.
Corría el año de 1967 y el Cine Dorado 70, era un nuevo centro de entretenimiento para los chihuahuenses. Se aprecia en la gráfica, los últimos toques para la gran inauguración.
Cuando los trabajos de construcción del Dorado ya casi estaban terminados, algunas personalidades se daban cita para constatar a “ojo de buen cubero” que la obra se encontraba en óptimas condiciones. Don Ramiro Valles O, presidente municipal de Chihuahua, representantes del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica, dirigentes de empresa y técnicos, se dieron acto de presencia para ver con sus propios ojos que, todo estuviera dentro de las normas de seguridad y calidad que la construcción, iba ofrecer a los miles de cinéfilos que, en tiempos posteriores, se darían cita al Dorado. El cerebro del proyecto sería el ingeniero Enrique Ramírez Villalobos que, explicaba a todas las personalidades sobre cada detalle de la construcción: “Las pruebas de seguridad, se han hecho mediante cargas de cemento, superiores a la capacidad normal de trabajo y con las especificaciones de los reglamentos vigentes en el Distrito Federal…durante varios periodos de 24 horas, se han medido las variaciones, comprobándose el cabal cumplimiento de todas las especificaciones”.
Muy moderna la obra, se veía a lo lejos, algunos aparatos especiales de medición que habían sido proporcionados por la entonces Universidad de Chihuahua y el Instituto Tecnológico Regional, siento éstos los que fueron utilizados para tomar las “flechas” o lecturas de las vigas de sustentación, esos que los ingenieros hacen para ver la resistencia de los materiales. Otros de los aspectos positivos de la edificación del Dorado es que se efectuaron constantes análisis de laboratorio, ahí en aquellos donde revisan la resistencia de los materiales. También, se utilizó puro cemento, nada de “rebajadito” con mortero, no, puro cemento para que aguantara, y producido por la empresa Cementos de Chihuahua, contándose que, por cada superficie de butaca, se utilizaron 200 Kg., siendo en total, alrededor de 35 toneladas para las “cargas” de prueba. Las cosas iban muy bien y los invitados que estaban apreciando y escuchando las explicaciones sobre la construcción y su seguridad, se sorprendieron también del método de alarmas contra incendios que había sido instalado, pues como sabemos, los materiales utilizados en las cintas cinematográficas, producían constantes accidentes lo que, era necesario que el cine se protegiera con este moderno sistema que contaría de válvulas suficientes, de gran capacidad y en puntos estratégicos del edificio. Al final del día, cada quien se fue a casa, los funcionarios “tomaron rumbo” contentos por la gran obra que prometía ser de las más modernas de la época. Una de las ventajas que tenía el cine, es que el tapizado era térmico, acústico a base de fibra de vidrio o lana vítrea, que es inflamable. A su vez, el acabado se logró con telas especialmente traídas de fábrica a prueba de incendios. Finalmente, el techado o cielo interior, fue confeccionado con láminas de espuma plástica especial que, al contacto con el fuego o altas temperaturas se deshace sin producir llamas
Muchos decían que la obra desde sus inicios tomaría 120 días, y cuando los funcionarios lo visitaron, el plazo casi estaba cumplido, se llevaban 110. Para cumplir la meta, decenas de trabajadores daban los últimos detalles a las afueras y en el interior. Dentro de la sala de cine, se instalaban las alfombras y butacas; los proyectores estaban instalados. Ahí, se encontraba el técnico Roberto Guzmán, especialista en la instalación de pantallas, cuya curvatura de la del Dorado tendría 120 grados; los proyectores para películas de 70 milímetros, similar al tipo de los que ya habían sido instalados por la empresa “Circuito de Oro” en Puebla y Salamanca. El Dorado, sería para esta empresa, la tercera dentro del país y la cuarta, sería contraída en la ciudad de Camargo. Las operaciones de la nueva sala de cine significaban también una importante fuente de empleo, por lo que Chihuahua seguía despegando a la modernidad en la frialdad del mes de diciembre de 1967.
Ya cuando estaba todo listo y antes de la inauguración, el entonces arzobispo don Luis Mena Arroyo se daba cita para bendecir al “Dorado”, el cual sería atendido por el señor Enrique Ramírez, director general de la empresa; por Emilio Valerio, gerente general y otras importantes personalidades. El arzobispo Mena, tras haber bendecido la sala de espectáculos, las casetas de proyección, la pantalla, las oficinas, deseó todo el éxito que se merecían quienes, con fe y entusiasmo, invirtieron fuertes sumas de dinero para dar a Chihuahua un buen cine y, además, auguró y esperaba que la empresa diera buenas películas y que hiciera el esfuerzo para que no proyectara “churros”.
En ese momento, siendo las 12 del día del primero de diciembre de 1967, la bendición estaba concluida y para que el jerarca católico se fuera con buen sabor de boca, Joaquín Reyes Romo, ingeniero que había instalado los equipos de proyección, manifestaba que la pantalla había sido trabajada en México, de alrededor de dos mil tiras de plástico, colocadas de manera individual para formar el cuerpo de la pantalla con una cobertura de 120 grados; que, las películas que se utilizarían, serían de 70 milímetros de ancho, el doble que comúnmente se utilizaban en las salas de cine. De esta manera, concluía el acto de bendición del cine, Mena Arroyo salía contento con su sotana negra y su solideo rojo a seguir con su “chamba” de pastor de ovejas, mientras que los demás invitados también hacían lo propio para esperar la inauguración a las 8:30 de la noche.
Película de inauguración.\n
El plazo llegó, los 120 días se cumplieron, ya estaba listo todo para el gran evento de inauguración. El Heraldo de Chihuahua daba la noticia de la importante velada en el Dorado. Eran las 20:15 horas, cuando se cortaba el cordón azul por parte del gobernador del estado, general Práxedes Giner Durán y el presidente municipal, Ramiro Valles Ortega. Después de esto, el Cine Dorado 70 estaba inaugurado ante la presencia de más de 500 personas que habían asistido a la función privada con que se dio inicio a los programas de la nueva sala; la primera película sería del productor Gengis Khan. En la fila del frente estaban Enrique Ramírez, quien antes de la película agradeció a todos los asistentes la confianza prestada al gran evento, manifestando: “La edificación, fue posible gracias al afán progresista de los chihuahuenses; con un costo de 5 millones de pesos, la inversión valía la pena”. Al terminar, la multitud le aplaudió con mucho cariño. A un lado, en los escalones, se encontraban siete bellas madrinas, las que dieron relieve al importante evento. Era el primero de diciembre de 1967 y los esfuerzos por levantar una nueva empresa se habían hecho realidad. Además de los presentes.
Durante muchos años, al igual que otros cines que estuvieron funcionando paralelamente al Dorado, tuvieron su esplendor; las grandes salas como el Variedades, Chihuahua, Azteca, Plaza, Alcázar, Olimpia, Colonial, Sala 2000, Sala 2001 y Revolución, empezaron a cerrar por efectos de la revolución tecnológica del video y de la crisis que estaba sufriendo el país en todos los sentidos. Después de llegar a su fin de estas grandes salas y la construcción de nuevas y modernas en los noventas, El Dorado junto al Premier se resistían a morir; el primero, se convertiría en un lugar sucio; sus interiores a expensas de la polilla y el vandalismo; las grandes cortinas, desgarradas y polvorientas; la fuente de sodas, ya sin funcionar; las proyecciones, sólo películas pornográficas que denigraban sus instalaciones; actos inmorales de prostitución se empezaron a presentar en su interior. Todo eso le enfermaba y lo convertía en un ente moribundo. Por fin, llegaría a su fin, las puertas de la gran sala aguantaron abiertas hasta el nuevo milenio, ya que el Dorado 70 moría definitivamente, pues a pesar que los cines de su época se habían extinguido, éste pudo sobrevivir al cáncer que lo fue destruyendo, aguantando más que sus compañeros que ya estaban sólo en el recuerdo. Hoy en día, donde antes estuvo el cine, está la plaza del indio Teporaca, lo que deja un vacío en la tradicional vida urbana de Chihuahua.