Análisislunes, 25 de marzo de 2019
Derechos Humanos para evitar la barbarie
Derechos Humanos para evitar la barbarie
Silvia González Delgado
Después de la inútil y ensangrentada II Guerra Mundial se crea la ONU. Tres años más tarde nace el documento más importante de la civilización contemporánea: La Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo fin, en resumen, es garantizar la libertad, la justicia y la paz, y con ello evitar la repetición de actos de barbarie vividos por la familia humana.
¿Y por qué en algunos países no se respetan los Derechos Humanos? Los factores principales son la ignorancia, la dictadura, la pobreza, la religión, la misoginia y la corrupción. Por lo tanto, los países que respetan más los Derechos Humanos son los países demócratas, educados y ricos. El practicar la democracia lleva triple ganancia pues se tiene libertad para escoger gobierno y religión, además de que hombres y mujeres tienen los mismos derechos.
Por eso la falta de democracia es la causa preponderante en la violación a los Derechos Humanos con países como Siria, Nigeria, Sudán, donde las atrocidades provienen de guerras civiles por culpa de uno o dos individuos necios, aferrados al poder, a cierta religión y a la sumisión de la mujer.
Los países más desarrollados trabajan para que se respeten los derechos de sus ciudadanos por medio de una educación abierta e inclusiva. Pero fíjese, usted, querido lector, lectora, en nuestro avance hacia la civilización nada es fácil, porque, tristemente, son estos países desarrollados los que legalizaron primero el aborto. Y a pesar de que el primer mandamiento de los Derechos Humanos es el derecho a vivir, ninguna escuela científica se ha atrevido a ratificar que un embrión es un ser humano, y que le corresponden el mismo respeto que a los que ya estamos fuera de la matriz.
Es un tema delicado pues nunca se va a saber dónde termina el derecho de la mujer que no quiere dar esa vida y dónde empieza el de un feto con un corazón que ya late. Sin embargo, hay una solución a este acto bárbaro para el cual sólo se necesita la buena voluntad de las embarazadas y ésta es la adopción desde el vientre, sería bueno crear leyes que lo promuevan.
Por eso le cuento, amable lector, lectora y don Ángel Luna, mi mejor lector, que cuando la barbarie inunda el corazón de la mujer es menester de los organismos como Derechos Humanos recordarle su naturaleza impermanente, o sea un día estamos aquí y es seguro que habrá otro en el que ya no. Mujeres embarazadas, fluyamos, dejemos brotar la vida, hay un verdadero y gran amor dentro de nuestros vientres.