Desde el séptimo piso
Desde el séptimo piso
Alejandro Cortés González Báez
¿No será que encadenarse a unos planes y placeres tan vacíos nos hace esclavos? ¿Será posible ser esclavo de uno mismo? Pienso que sí.
Estoy convencido de que si a uno de los gimnasios a los que acuden tantos a ejercitarse, les quitáramos los espejos perdería muchos clientes.
En otro orden de cosas, está claro que la persona egoísta no deja de serlo cuando se casa, y esto se hace evidente con el paso del tiempo.
Además, el hombre necesita creer en algo, y si no cree en Dios, se inventa dioses…, falsos dioses: “ídolos”, y para ello hay miles de opciones.






















