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Análisisviernes, 8 de julio de 2016

El Espíritu Santo

Me parece que todos nos santiguamos haciendo una cruz en nuestro cuerpo y diciendo las palabras: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Y pocos entendemos lo que significa “Espíritu Santo”.

Dios es trinidad, es tres personas, es un solo Dios. Para entender algo sobre el Espíritu Santo necesitamos haber sido atraídos por el mismo Espíritu. El Espíritu nos da la gracia de un nuevo nacimiento en Dios Padre por medio del Hijo.

Cuando la Iglesia lee el Antiguo Testamento, investiga en él lo que el Espíritu habló por los profetas, y lo que quiere decir acerca de Cristo. Dios formó al hombre, con sus propias manos, es decir con el Hijo y el Espíritu Santo.

Desfigurado por el pecado y por la muerte, el hombre continúa siendo imagen de Dios a imagen del Hijo, pero queda privado de la gloria de Dios, de la semejanza con Dios. El Espíritu Santo es prenda de la redención de su pueblo de su posesión.

Aquel que vea Juan que baja el Espíritu Santo sobre él, bautizará en el Espíritu Santo, será el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El bautismo de Juan era para el arrepentimiento, el bautismo en el Espíritu es para un nuevo nacimiento.

María, la santísima Madre de Dios, es la obra maestra del Hijo y del Espíritu Santo, en la plenitud de los tiempos.

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