El escándalo de las camionetas blindadas de la Suprema Corte no es simplemente otro episodio de dispendio gubernamental. Es, en realidad, la radiografía perfecta de cómo funciona el gobierno federal actual: mediante la construcción de narrativas que colapsan al menor contacto con la realidad. En solo 72 horas pudimos observar el ciclo completo del modelo de simulación que define a la Cuarta Transformación: primero, la compra sigilosa de nueve camionetas blindadas Jeep Grand Cherokee por 21.6 millones de pesos para ministros que prometieron austeridad; segundo, la justificación farragosa llena de tecnicismos y normas internas cuando fueron descubiertos; tercero, la defensa contradictoria desde el gobierno federal alegando “ahorro de mil millones de pesos”; y finalmente, la humillante reversa cuando la presión social se volvió insostenible.
Analicemos el caso de las camionetas con la frialdad que merece. Los ministros de la “nueva Corte del pueblo”, electos supuestamente para acabar con privilegios y corrupción, gastaron más de dos millones de pesos por vehículo blindado apenas cuatro meses después de asumir el cargo. Hugo Aguilar Ortiz, quien en septiembre prometió “un Poder Judicial austero, transparente, honesto y cercano al pueblo”, justificó la adquisición alegando que los vehículos heredados de la anterior administración estaban deteriorados.
Pero lo más revelador no fue la compra misma, sino la reversa humillante. El domingo 25 de enero, tras solo tres días de escándalo mediático, los ministros anunciaron que no usarían las camionetas y que las devolverían o reasignarían. ¿Qué significa esto? Que la compra nunca fue urgente ni necesaria,si lo fuera, no podrían prescindir de ella ante la primera oleada de críticas. Lo que revela es que fue una decisión de conveniencia y privilegio que solo se detuvo cuando el costo político superó el beneficio personal. La “nueva Corte del pueblo” demostró que escucha al pueblo únicamente cuando el escándalo es demasiado grande para ignorarlo, no porque tenga un compromiso genuino con la austeridad que pregona.
Las camionetas blindadas de la Suprema Corte quedarán como un símbolo perfecto del sexenio: mucha retórica transformadora, poca transformación real; muchas promesas de austeridad, poco compromiso genuino con ella; mucha captura institucional, poca mejora en la calidad de vida ciudadana. El episodio resume el modelo completo: simular, justificar, rectificar cuando sea inevitable, pero nunca reconocer la contradicción fundamental entre lo que se dice y lo que se hace. Así gobierna la 4T: no mediante políticas efectivas sino mediante la gestión cuidadosa de percepciones, donde cada escándalo se convierte en una oportunidad para demostrar “sensibilidad” hacia el pueblo, mientras se perpetúan exactamente las prácticas que se prometió erradicar. Bienvenidos al gobierno de la simulación permanente. Al tiempo.