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Análisismiércoles, 18 de febrero de 2026

Elegir regidores directamente, vale la pena. 

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En ese contexto, lo que hoy se discute en Chihuahua no es un asunto menor. Ni puede estar a capricho de una persona o un partido. La iniciativa para permitir la elección directa de regidores es, en el fondo, una decisión sobre qué tan viva queremos mantener nuestra democracia local.


Durante años hemos operado bajo el esquema de planillas. El ciudadano vota por un presidente municipal y, en automático, queda definido el Cabildo. Funciona, sí. Pero también genera una percepción de que los regidores no le responden directamente a la gente, sino a la estructura que los colocó ahí. Ese detalle importa más de lo que creemos.


Estas reformas pueden parecer arriesgadas o caras (el costo electoral es lo único que cambia), pero como dicen “la democracia no tiene precio”. Cambian incentivos, alteran la forma partidista de hacer política, obligan a mayor competencia interna. Pero precisamente de eso se trata: de refrescar el sistema antes de que la inconformidad gane.


Chihuahua siempre ha sido pionero en el país en el avance democratico. Aquí se luchó por la alternancia, hicimos presupuestos participativos, votamos plebiscitos,etc. Entendimos que una democracia sana no es la que evita riesgos, sino la que innova en favor de la gente


En tiempos donde el desencanto democrático crece en distintas latitudes, cerrar espacios de participación es un error. Ampliarlos, en cambio, es una inversión en estabilidad institucional.


Chihuahua tiene una oportunidad. Puede optar por conservar un esquema cómodo y favorable a los partidos, o puede asumir que fortalecer la representación municipal es una forma de blindar la democracia a largo plazo. Porque el riesgo real es no hacer nada.

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