Análisisjueves, 20 de febrero de 2020
Manifiesto contra la 4T
Manifiesto contra la 4T
Agustín Pérez Reynoso
La ideología de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en palabras de Eudocio Ravines, es de un inmovilismo infalible, de ahí su maniqueísmo: “el que no está conmigo, está contra mí” o “el pueblo soy yo”, y por lo tanto, la semilla de un régimen dictatorial que requiere ser monolítico para compensar sus fallas, ideal para aquellos que sienten simpatías por la izquierda, sedienta de doctrinas subjetivas, sentimentales y desvinculadas del análisis racional, hijas de la superstición, pero huérfanas de valor científico y refutadas demoledoramente por los hechos históricos.
Con la palabra “Neoliberalismo”, AMLO olvida que en México nunca hemos abandonado el capitalismo de Estado, volviendo a la Cuarta Transformación (4T) en un populismo contaminante que elimina la necesidad de estudio, perfectamente apta para ser manipulada por ignorantes, repelente a la ciencia o al sentido científico, en la medida en que sus ideas siguen caminos opuestos a la evidencia, rechazando que éstas sólo tienen validez según el grado en que interpreten el proceso de la realidad. Pocos aceptan el dolor de tener que renegar de esta mística.
Entre ellos, sólo algunos valientes rechazan la sensualidad de la irracionalidad, a pesar de que las consecuencias sean más funestas, a la larga, con una fidelidad absoluta al dogmatismo profético “chairo”, sin la responsabilidad de nadie, que con la absoluta responsabilidad de unos cuantos chivos expiatorios que, en el pasado, se les ha culpado de todo. Hoy, sin lucha de clases, gracias a la tecnología, el obrero desea una existencia burguesa; la clase media es más revolucionaria que nunca y sus mayores niveles de bienestar se han consolidado fuera de la órbita del Estado.
Nada más reaccionario que un gobierno que se opone al Capital que crea más bienestar duradero a favor de su fuerza laboral, de lo que la ilusión de las políticas públicas puede lograr. Crear una política que ya no es útil, por un gobierno que justifica su existencia provocando problemas para solucionarlos, sólo será una comedia para entretener que hará realidad la frase de Rabelais: Echad la cortina, la farsa ha terminado