Narconegocio, ¿cómo inició?, ¿dónde estamos?
Narconegocio, ¿cómo inició?, ¿dónde estamos?
¿Les molesta el trampolín de la droga?: quiten la alberca.
Javier Félix Muñoz
Gustavo Díaz Ordaz – Presidente de México (1964 – 1970)
Siendo presidente de Estados Unidos Richard Nixon (1969-1974) declaró la guerra a las drogas, y le exigió a Díaz Ordaz, presidente de México, quitar el trampolín.
¿Cómo inició este negocio a escala industrial en México?
Doce millones de soldados norteamericanos participaron en la Segunda Guerra Mundial.
Con el tiempo, el negocio de la amapola se combinó con la marihuana, otras drogas y varios delitos más. El área de operaciones se extendió a los estados vecinos de Chihuahua y Durango, lo que hoy se conoce como “triángulo dorado”.
Guardo en mi poder el libro autografiado por el autor, impreso en Guadalajara, Jal.
La guerra terminó, el negocio siguió y sigue hasta la fecha, no sólo como analgésico, lo cual está muy bien, sino como droga lo cual está muy mal.
En México, de acuerdo al Departamento del Tesoro estadounidense, citado por contralínea, entre 2013 y 2017, el negocio de la droga movió cerca de 4 billones de pesos, es decir aproximadamente 50 mil millones de dólares por año.
De acuerdo a Yuri Fedotov, director de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD), con cifras del 2011, el negocio anual de las drogas en el mundo es de 320 mil millones de dólares.
Como decía mi maestro jesuita José Porfirio Miranda: la causa de las causas es la causa de lo causado. La causa es la guerra, que es el principal negocio en norteamérica.
La guerra contra las drogas ha costado en México, sólo en los últimos 12 años, centenares de fosas clandestinas, decenas de miles de niños huérfanos, 30 mil desaparecidos, cerca de 300 mil vidas y millones desplazados.
A los niños desde muy temprana edad, por medio de videojuegos se les hace ver que la guerra es algo normal y hasta bueno, para aniquilar a los – enemigos – supuestos o reales.
¡Oh mis hijos!, no quiera la fortuna turbar jamás vuestra inocente calma, no dejéis esa espada ni esa cuna:
¡Cuando son de verdad, matan el alma!






















