En la desesperación, cientos de migrantes varados cerca de Mápula
Tres decenas aceptan propuesta del INM para moverse a un alberge
Venessa Rivas / El Heraldo de Chihuahua
Ayer por la tarde, acudieron a llevarles paquetes de sobrevivencia con agua, atún y galletas, ello luego de que llegó el Grupo Beta de Protección a Migrantes del INM, quienes viajaban desde Ciudad Juárez para ofrecer el traslado de los migrantes a un albergue en la frontera.
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Los empresarios y ganaderos de la zona de Mápula se han organizado para recolectar ayuda para los migrantes, debido a que han detectado personas enfermas, entre ellas una mujer con asma que no podía respirar, niñas y niños con fiebre, a quienes les han llevado medicamentos a fin de ayudarlos a transitar el proceso.
Las mujeres piden ropa interior, así como implementos de higiene personal y toallas femeninas, para los pequeños pañales. Además les llevaron naranjas para dotarlos de vitamina C y fortalecer su sistema inmunológico.
Entre los migrantes varados se encuentra una pequeña con síndrome de down quien presenta arritmia, por lo que buscan apoyo.
Cada vez que llega un vehículo, los migrantes salen de entre los matorrales y los vagones para abalanzarse a fin de obtener algo de alimento. La desesperación que tienen se incrementa con el paso de las horas.
En el rancho que se ubica aledaño a la zona de abandono, les han permitido ingresar a bañarse para aminorar el problema en la piel, de la misma manera les permiten tomar agua.
Engel de 20 años de edad, era estudiante de informática, dejó la universidad para buscar chamba en EU, su meta es lograr un buen futuro para su hermana de 9 años, quien se quedó en Venezuela con una tía.
“El negocio de México es estarnos devolviendo para seguir cobrando, el que vino de migración nos dijo que tenía dos aviones listos, que si quería nos mandaba a Venezuela, le dijimos que lo hiciera, pero él no manda”, señaló otra mujer migrante.
El tren con estos migrantes es el único que detuvieron, ya que las corridas hacia el norte y hacia el sur. “Hemos sobrevivido gracias a las personas que se ponen la mano en el corazón, quienes nos dan alimento, dinero o nos ponen a trabajar para costear nuestro pasaje, pero no por las autoridades”.




























