Invaden cruceros
Ante la complacencia de las autoridades, cientos pedigüeños
Venessa Rivas
Los cruceros se volvieron a llenar de pedigüeños ante la complacencia de las autoridades. Desde niños pidiendo dinero, pasando por el supuesto enfermo con receta en mano, seguido de los limpiavidrios y los migrantes, tanto centroamericanos como indígenas.
En diversos cruceros de la ciudad, así como en sitios de alta afluencia de personas como el atrio de la Catedral Metropolitana de la Santa Cruz, hay decenas de personas que piden y hostigan a los transeúntes y visitantes.
En el crucero del bulevar Juan Pablo II y avenida Pacheco parecen hormigas, todos esperan a que el semáforo cambie a rojo para abalanzarse hacia los autos, algunos hasta arrojan el agua de lejos para obligar al automovilista a que se lo limpien a cambio de unas monedas, en ocasiones si lo limpian y no les es retribuido se enojan y golpean el auto.
Los automovilistas señalan que en ocasiones hasta miedo tienen de ser agredidos por los pedigüeños, ya que no se conforman con un “no” por respuesta e insisten en limpiar los vidrios del vehículo, muchos con trapos más que negros debido a la suciedad, ya que no cuentan con medios para enjuagarlos.
Y es que entre más aparatoso sea el aspecto, podrían obtener mayores ganancias, ya que hoy en día la competencia es mucha, hay vendedores, indigentes, migrantes reales y ficticios, supuestos enfermos, limpiavidrios, y la lista sigue, por lo que todos hacen su mayor esfuerzo por ganar la moneda.
En la ciudad hay cruceros preferidos, tanto al norte como al sur; en el sur a lo largo de la avenida Pacheco, desde la avenida Juárez hasta el bulevar Fuentes Mares, siendo el de mayor afluencia el de bulevar Juan Pablo II, así mismo en el periférico Vicente Lombardo Toledano con bulevar Fuentes Mares.
A la fecha los cruceros se han convertido en los espacios más rentables por unas cuantas horas de trabajo, pues hay pedigüeños que obtienen hasta 600 pesos de ganancia.
Los migrantes también afirman que ellos van de paso y en ocasiones piden dinero para continuar el viaje, pero es poco lo que se les apoya, por lo que han decidido comprar paletas o dulces para intercambiar por dinero, lo que les ayuda con la recaudación de fondos para llegar a la frontera e intentar internarse en suelo norteamericano.
La situación se replica en muchos cruceros y esquinas, pero no hay autoridad que regule estas acciones.
No dejes de leer:


























