El avance en temas técnicos desde mi punto de vista es una buena señal, además es evidente que hay intereses en común de progresar y Canadá reafirma su postura junto con México de no ceder en todos los puntos que Estados Unidos plantea, que más que verse como objetivos serios parecen caprichos sin importar sus consecuencias.
Lo anterior se desprende del planteamiento estadounidense de incrementar a 50% el contenido estadounidense en el sector automotriz, propuesta que aparte de resultar desproporcional para las dos economías restantes, implica poner en jaque a la industria; primero porque dicha medida podría empezar a aplicar desde el siguiente año y en este sentido la pregunta es ¿Qué harán las empresas que ya tienen producidas las unidades del siguiente año e incluso los modelos que venderán en 2019? Y segundo, porque hasta el momento la región no se había visto en la necesidad de desarrollar tecnologías e innovación para producir ciertas piezas que se consiguen en otros países, y esto tampoco se logrará de la noche a la mañana.
De igual modo, el sector energético está a la espera de que se logre un buen acuerdo en el que los tres países resulten beneficiados. Hoy gracias a la Reforma Energética en México, es posible la participación de empresas privadas para explotación y exploración de hidrocarburos, tareas estratégicas para el Estado mexicano y atractivas a la inversión extranjera, no sólo a la proveniente de Canadá y Estados Unidos, sino del resto del mundo, aunque por el momento se prevé gocen de la primicia.
Otro aspecto a resaltar es la urgencia por mejorar las condiciones laborales en nuestro país, un espacio que se abrió al análisis en este periodo de revisión del TLCAN y en el que ya se empieza a trabajar, pues justo en esta semana la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI), anunció un incremento al salario mínimo de 10.4%. Medida que además de contribuir a satisfacer algunas necesidades de los trabajadores mexicanos, nos permite avanzar hacia un equilibrio salarial entre los socios del TLCAN; sin embargo, debe ir acompañada de mayores esfuerzos en capacitación y por lo tanto de mayor productividad. Eso sin duda nos hará competitivos y no dejará espacio a la idea de que únicamente somos un país atractivo por bajos salarios.
La negociación continúa, pero el tiempo apremia, ahora se estima que en marzo de 2018 veamos ya los resultados de esta renegociación, ante esto es imposible no pensar en el proceso electoral que tenemos frente a nosotros y lo veamos de reojo cuando se habla del TLC, sin olvidar que siguen sobre la mesa algunos temas que amenazan con afectar gravemente la competitividad de todos sus integrantes. Queda muy claro que el equipo negociador mexicano no ha accedido, ni accederá a propuestas inviables que perjudiquen a las economías que integran el tratado. Aplaudo la labor del equipo mexicano por su preparación, profesionalismo y porque hacen un esfuerzo por mantener un acuerdo en condiciones justas y no lo contrario. ¡Hasta nuestro próximo encuentro!
* Presidente de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana, A.C. Sígueme en Twitter @PerezSoraya