484 años: la ciudad que insiste
Guadalajara no nació una vez. Nació cuatro.
Antes de asentarse definitivamente en el Valle de Atemajac aquel 14 de febrero de 1542, la ciudad fue trasladada y reconstruida. Nochistlán, Tonalá y Tlacotán fueron intentos marcados por la adversidad hasta que 63 familias decidieron fundarla de manera definitiva. Desde su origen, Guadalajara aprendió a insistir.
Pero no todo es postal.
Guadalajara también enfrenta pendientes profundos: inseguridad que lastima colonias enteras, familias que buscan a sus desaparecidos, tráfico que roba horas de vida en un sistema de movilidad rebasado, problemas de abastecimiento de agua y temporales que cada año evidencian fallas estructurales.
La ciudad crece, pero también se tensiona. Se moderniza, pero arrastra rezagos.
Guadalajara no se construyó con discursos, sino con determinación. Por eso, a 484 años de su fundación, la pregunta es incómoda pero necesaria: ¿estamos gobernando a la altura de su historia?
Los problemas que hoy enfrentamos no son inevitables; son el resultado de decisiones postergadas, planeaciones incompletas y prioridades mal definidas. Y lo que se pospone en política, lo paga la ciudadanía.
Si esta ciudad fue capaz de levantarse cuatro veces antes de consolidarse, también puede corregir el rumbo. Pero eso exige gobiernos que escuchen, planeen y rindan cuentas.
Guadalajara merece más que aniversarios. Merece resultados.
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