Urgencias que no pueden esperar: sitios cardioprotegidos
Después del infarto: cateterismo cardíaco 24/7
Salas de hemodinamia disponibles las 24 horas, los 7 días de la semana, reducirían drásticamente la mortalidad en el primer mes postinfarto.
Cuide su corazón desde hoy
Jalisco tiene la capacidad y las instituciones para convertirse en un estado cardioprotegido. Exijamos más sitios con DEA y personal capacitado, y sobre todo, más salas de hemodinamia 24/7. Porque prevenir hoy es la forma más inteligente de seguir latiendo mañana.
Mi mensaje a todos los jaliscienses es claro: cuiden su corazón. Acudan a los chequeos preventivos, modifiquen sus hábitos y exijan que nuestra red de salud responda con rapidez cuando más se necesita. Su vida y la de sus familias dependen de ello.
El ECG no visualiza la anatomía ni detecta todas las obstrucciones coronarias. Foto: / Cortesía / Luis Manuel Espinosa Castillo
En mi práctica diaria como cardiólogo en Guadalajara he aprendido que el corazón habla varios lenguajes al mismo tiempo: eléctrico, mecánico y estructural. Para escucharlo y entenderlo correctamente, contamos con tres herramientas que se complementan a la perfección: el electrocardiograma (ECG), el ecocardiograma y, cuando es necesario, la resonancia magnética cardíaca (RMC). Juntas forman una cadena diagnóstica que, bien utilizada, salva vidas.
Todo comienza con el electrocardiograma, la prueba más sencilla, rápida y accesible. En solo 10 minutos, sin molestias, se colocan electrodos en el pecho, brazos y piernas para registrar la actividad eléctrica del corazón. Un ECG normal es una excelente noticia: confirma ritmo y conducción adecuados, descarta arritmias graves y no muestra signos de sobrecarga evidente.
Su gran valor radica también en la capacidad de identificar enfermedades congénitas que pueden permanecer silentes durante décadas y manifestarse hasta en la edad adulta. Gracias a su sensibilidad, el ECG permite detectar patrones sugestivos de condiciones como el síndrome de Wolff-Parkinson-White, ciertos bloqueos de rama, miocardiopatía hipertrófica o canalopatías hereditarias. Muchas de estas alteraciones se descubren de manera incidental ante síntomas aparentemente banales —palpitaciones ocasionales, fatiga al subir escaleras o simplemente en un chequeo preventivo—, permitiendo intervenir a tiempo y evitar complicaciones graves como arritmias malignas o muerte súbita.
Sin embargo, soy claro con mis pacientes sobre sus límites: el ECG no visualiza la anatomía ni detecta todas las obstrucciones coronarias. Por eso es el punto de partida ideal: es económico, está disponible en casi cualquier centro de salud, no requiere preparación y, en muchas ocasiones, salva vidas.
Cuando el ECG ofrece esa primera “fotografía eléctrica”, suelo necesitar ver más allá: cómo se contrae el músculo, el funcionamiento de las válvulas y el tamaño y grosor de las cavidades. Ahí entra el ecocardiograma, un ultrasonido inocuo, sin radiación, que permite observar el corazón en movimiento en tiempo real. Evalúa con precisión la fracción de eyección, detecta problemas valvulares (estenosis, insuficiencia o prolapso), identifica hipertrofia, miocardiopatías, defectos congénitos en adultos y evalúa pericardio y aorta. Complementa perfectamente al ECG: uno informa sobre el ritmo eléctrico y el otro sobre la anatomía y la función mecánica.
El RCP se aplica cuando alguien deja de respirar o su corazón se detiene. Foto: / Cortesía / Luis Manuel Espinosa Castillo
Sus limitaciones son honestas: la calidad depende de la “ventana acústica” del paciente; en obesidad, enfisema o deformidades torácicas las imágenes pueden ser deficientes. No visualiza directamente las arterias coronarias y su interpretación depende de la experiencia del operador. Un resultado normal no descarta al 100 % todas las enfermedades cardíacas.
Cuando se requiere mayor precisión, llega la resonancia magnética cardíaca, la herramienta de mayor resolución. Proporciona imágenes de alta definición sin radiación ionizante, evalúa anatomía, función, viabilidad miocárdica, inflamación, fibrosis y cicatrices postinfarto. Es ideal para miocardiopatías, miocarditis, tumores cardíacos, enfermedades del pericardio y cardiopatías congénitas complejas. Se reserva para casos en que el ecocardiograma no es concluyente o para planear cirugías.
Sus limitaciones son claras: es más costosa, menos disponible, requiere más tiempo y está contraindicada en pacientes con ciertos implantes metálicos, claustrofobia severa o insuficiencia renal grave. Por eso no es la primera opción, sino la que se usa cuando realmente se necesita.
Estas tres pruebas no compiten: se complementan. El ECG habla de la electricidad, el ecocardiograma del movimiento y la bomba, y la resonancia ofrece la visión más profunda. La clave es elegir la herramienta correcta en el momento preciso: empezar por lo simple y avanzar solo cuando es necesario.
En tamizajes y chequeos rutinarios fuera de urgencias, predominan los ECG normales o con variantes benignas: ritmo sinusal, bradicardia sinusal en deportistas, repolarización temprana, bloqueo incompleto de rama derecha o patrón rSr’ en V1. En Jalisco y Guadalajara son frecuentes hallazgos leves como hipertrofia ventricular izquierda asociada a hipertensión no diagnosticada, extrasístoles aisladas o bloqueo AV de primer grado en adultos mayores.
Las alteraciones que requieren estudio profundo —isquemia, fibrilación auricular o síndromes de preexcitación— son menos comunes en asintomáticos, pero el tamizaje las detecta a tiempo. El electrocardiograma debería realizarse de manera permanente en todas las instituciones del sector salud, y a falta de ello se realizan programas como ECOS del ISSSTE en comunidades del interior del estado para atender a todos los grupos de la población en general, y de esta manera demuestran su valor. Además, la angiografía (y cuando es preciso, el cateterismo) debe considerarse en la cadena diagnóstica, sobre todo ante el incremento poblacional.
En México, las enfermedades del corazón siguen siendo la primera causa de muerte, con 192,563 defunciones registradas en 2024 según el INEGI. En Jalisco la situación es igualmente preocupante: el estado registra alrededor de 31 muertes diarias por causas cardiovasculares y lidera en varios indicadores de enfermedad isquémica del corazón, con miles de casos atendidos anualmente.
Los factores de riesgo que veo a diario en el consultorio son la hipertensión arterial (que afecta a cerca del 30 % de los adultos mexicanos, el “asesino silencioso”), la diabetes mellitus, la obesidad y sobrepeso (más del 75 % de los adultos), dislipidemias, tabaquismo, sedentarismo y mala alimentación. Estos factores se potencian: un paciente con hipertensión, obesidad y diabetes multiplica exponencialmente su riesgo.
Dr. Luis Manuel Espinosa Castillo señala que en un paro cardíaco, cada minuto cuenta. Foto: / Cortesía / Luis Manuel Espinosa Castillo
Jalisco cuenta con una red de atención a través de programas como PrevenIMSS y CHKT del IMSS, revisiones integrales del ISSSTE, jornadas gratuitas de los Hospitales Civiles de Guadalajara, la Secretaría de Salud Federal, el Seguro Salud Jalisco de la Secretaría de Salud, el Hospital Militar y la Asociación de Hospitales Particulares. En todos recomiendo comenzar con ECG, seguido de ecocardiograma cuando sea necesario y resonancia en casos complejos.
En un paro cardíaco, cada minuto cuenta. Sin atención en los primeros 3-5 minutos, la supervivencia cae drásticamente. Por eso los espacios deben ser cardioprotegidos con la participación de personal entrenado y desfibrilador externo automático (DEA) disponible al instante. Aeropuertos, centros comerciales, estadios, universidades y empresas comienzan ya a hacer conciencia y algunas certifican sus áreas con capacitación en RCP + DEA y simulacros anuales.
Jalisco tiene un antecedente histórico en RCP en el Estadio Jalisco, ya que se rompió un Récord Guinness al capacitar a más de 6,500 personas en reanimación cardiopulmonar en un solo evento. Ese espíritu debe multiplicarse. Reconocer el paro, llamar a emergencias, iniciar RCP y usar el DEA antes de los 5 minutos debe ser el estándar.
Viví la era de la trombólisis con estreptoquinasa, antes de que los cateterismos y stents llegaran a Guadalajara alrededor de 1995. Al paso de los años y hasta el día de hoy sigue faltando infraestructura. Independientemente del tiempo transcurrido, una persona después de un infarto se requiere conocer al máximo la anatomía coronaria. La trombólisis disuelve coágulos, pero no sustituye al cateterismo, que permite el tratamiento definitivo. La angiotomografía ayuda en algunos casos, pero el cateterismo sigue siendo superior.
La mejor tecnología no es siempre la más cara, sino la que se usa con inteligencia y oportunidad. En el consultorio sigo recomendando empezar por lo simple. Pero la prevención real comienza antes: mida su presión arterial regularmente, controle glucosa y peso, deje el cigarro, camine 30 minutos al día y prefiera frutas, verduras y menos procesados.