La alcaldesa informó que el municipio ha pagado el 60% de la deuda heredada de administraciones pasadas, posicionando a Acapulco como referente nacional en manejo responsable de sus finanzas públicas
El dirigente Jesús Zamora señala que las autoridades hostigan a grupos vulnerables y artesanos, mientras ignoran grandes negocios y food trucks que invaden la vía pública
El dirigente del CIPOG-EZ, Jesús Plácido Galindo, denunció la irrupción de varios sujetos armados en la comunidad contra personas que se encontraban trabajando en una construcción
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Hay ciudades que el viento dobla y hay otras que el viento no puede quebrar. Acapulco es de las segundas. El 25 de octubre de 2023, el huracán Otis tocó tierra con una violencia sin precedente en la historia meteorológica del Pacífico mexicano, categoría 5, vientos de más de 270 kilómetros por hora, una noche que lo cambió todo en cuestión de horas. Dos años después, el puerto guerrerense no solo sigue en pie, sino que está abierto, vivo y listo para recibir a quienes elijan vivirlo esta Semana Santa.
Pero detrás de esa noticia hay una historia que merece contarse con honestidad. La recuperación de Acapulco no llegó desde una oficina federal ni desde un decreto presidencial. Llegó desde abajo, desde las manos y la voluntad de quienes decidieron quedarse cuando hubiera sido más fácil irse.
Los prestadores de servicios turísticos del puerto —hoteleros, restauranteros, artesanos, guías, lancheros, cocineras de playa— son los verdaderos arquitectos de lo que hoy puede ofrecer Acapulco a sus visitantes. Con recursos propios, con créditos, con esfuerzo familiar y con una tenacidad única.
Acapulco en Semana Santa es una experiencia que ningún otro destino mexicano replica con la misma intensidad. Sus playas ofrecen una diversidad de ambientes que satisface tanto al viajero que busca animación y vida nocturna como a quien necesita descanso genuino frente al mar. La gastronomía del puerto y los sabores de la cocina guerrerense son por sí solas razones suficiente para hacer el viaje. Y la calidez de su gente convierte cualquier visita en una experiencia que se recuerda mucho después de haber regresado a casa.
Elegir Acapulco esta Semana Santa es un acto de solidaridad activa con una comunidad que lleva dos años reconstruyendo su vida con las manos. El turismo, es política pública ejercida desde la billetera del ciudadano. Sin embargo, sería deshonesto cerrar los ojos ante lo que todavía falta.
La recuperación de Acapulco al cien por ciento requiere recursos extraordinarios del gobierno federal, canalizados con urgencia, transparencia y visión estratégica. La infraestructura urbana, los servicios públicos, la conectividad y el tejido económico del puerto necesitan una intervención de Estado que esté a la altura del tamaño del daño que Otis provocó. Es un señalamiento que debe sostenerse con firmeza y repetirse cuantas veces sea necesario, porque Acapulco no puede seguir siendo rehén de la indiferencia presupuestal. El puerto lo merece. Su gente lo exige. Y la justicia elemental lo demanda.
Acapulco tiene historia, tiene mar, tiene cultura y tiene una comunidad que ha demostrado, ante la peor adversidad imaginable, de qué está hecha. Estas vacaciones, el puerto más resiliente de México abre sus brazos. La pregunta no es si Acapulco está listo para recibir visitantes. La pregunta es si México está listo para responderle a Acapulco con la misma generosidad con la que Acapulco siempre ha respondido al país. Todo indica que la respuesta debe ser sí. Y que ya no puede esperar más.