Este fin de año debemos decidir con rumbo en tiempos de urgencia
El fin de año suele traer consigo balances rápidos, cierres apresurados y una sensación generalizada de que todo debe resolverse antes de que cambie el calendario.
En ese proceso, no solo las instituciones públicas, también las organizaciones, las empresas, las universidades y la sociedad en su conjunto caen en una lógica peligrosa: confundir urgencia con importancia.
El fin de año debería servir para algo más que cerrar pendientes. Debería ser un punto de inflexión para revisar cómo decidimos, cómo planeamos y cómo evaluamos. La mejora institucional no ocurre por inercia; requiere voluntad, método y autocrítica.
En tiempos donde la urgencia domina la conversación pública, apostar por el rumbo puede parecer contracorriente. Sin embargo, es justamente ahí donde se define la diferencia entre avanzar y solo moverse.
Pensar el cierre del año como un ejercicio de conciencia colectiva —y no solo de calendario— es una forma de comenzar el siguiente ciclo con mayor claridad y responsabilidad.
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