El color litúrgico del Adviento es el morado, que representa la penitencia y la preparación. En el tercer domingo de Adviento, llamado Gaudete, el color litúrgico es el rosa, que simboliza la alegría ante la cercanía de la Navidad.
Tradiciones y costumbres tienen su historia que nos otorgan identidad, durangueñeidad. En esta época es bueno conocer el origen en Durango del nacimiento, las posadas, las piñatas, los villancicos, las pastorelas, el árbol de Navidad, el Niño Dios y Santa Claus.
En el siglo XVI, cargando las imágenes de María y José para realizar el peregrinaje, se da inicio a las posadas, aunque las primeras que se realizaron fueron en la cabecera municipal de Nombre de Dios, Dgo., por el fraile evangelizador fray Jacinto de San Francisco.
Al crearse la capilla de música en Catedral, llegan en 1667 los villancicos. Se ha documentado el primer villancico elaborado en 1731 en Durango titulado Lágrimas tristes corred, suspiros tiernos volad, de la autoría de Pedro Rebasa.
A principios del siglo XVIII, los jesuitas introdujeron a Durango a san Nicolás de Bari, conocido como Santa Claus, Papá Noel o san Nicolás, que por su generosidad al regalar dulces a los niños da origen a los aguinaldos.
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Prensa Libre, National Geographic, Enciclopedia Real Española, Opus Dei, Wikipedia y la IA coinciden en el significado del Adviento: el Adviento es un periodo de preparación para la Navidad que se celebra en la Iglesia católica y en otras confesiones cristianas. Consiste en un tiempo de reflexión, oración, arrepentimiento, perdón y alegría.
Con particularidades litúrgicas propias, prácticamente todas las Iglesias cristianas históricas celebran este tiempo: la Iglesia católica, la Comunión anglicana, la Iglesia ortodoxa, las Iglesias protestantes (luterana, presbiteriana, metodista, morava, etcétera) y la Iglesia copta, entre otras.
El Adviento se celebra en los cuatro domingos previos a la Navidad y su duración puede variar entre 21 y 28 días. La palabra latina adventus significa “venida”. Primer domingo de Adviento: 1 de diciembre de 2024. Segundo domingo de Adviento: 8 de diciembre de 2024. Tercer domingo de Adviento: 15 de diciembre de 2024. Cuarto domingo de Adviento: 22 de diciembre de 2024.
El Adviento se divide en dos partes: las primeras dos semanas se dedican a meditar sobre el fin del mundo; las dos semanas siguientes se centran en el nacimiento de Jesús y su llegada a la historia. Algunos de los propósitos del Adviento son: perdonar, encontrar, servir y orar.
En latín significa adventus Redemptoris o bien, “Venida del Redentor”, y se trata del primer periodo del año litúrgico cristiano que consiste en un tiempo de preparación para el nacimiento de Cristo. Este es un tiempo de alegría y agradecimiento por el advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Se trata de una fiesta que se añadió tardíamente después de la de Pascua dentro del calendario litúrgico. Estas cuatro semanas que preceden a la Navidad son una oportunidad para prepararse en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
Durante el Adviento, en las iglesias y en algunos hogares se coloca una corona de ramas de pino, la cual tiene cuatro velas —una por cada domingo de Adviento— que se encienden progresivamente al hacer la oración en familia. La forma circular de la corona significa que no tiene principio ni fin, como el amor de Dios que es eterno. La luz de las velas simboliza la luz de Jesús, mientras que el color verde de las ramas representa la esperanza y la vida.
A cada una de las velas se le asigna una virtud que hay que mejorar en esa semana; por ejemplo: primera vela, el amor; segunda vela, la paz; tercera vela, la alegría y gozo; cuarta vela, la fe. Este calendario simboliza la cuenta regresiva desde el 28 de noviembre hasta el 24 de diciembre, Nochebuena. Suele elaborarse para los niños de la casa y es una forma divertida de saber cuánto falta para la Navidad. Esta costumbre se remonta al siglo XIX, cuando los niños en la Alemania protestante encendían una vela por cada día del periodo de Adviento.
La Navidad no proviene de las enseñanzas del Nuevo Testamento, ni de la Biblia ni de los apóstoles, quienes habían sido instruidos personalmente por Jesucristo. La Navidad se introdujo en la Iglesia durante el siglo cuarto, proveniente del paganismo, y no fue hasta el siglo quinto en que se estableció oficialmente como fiesta cristiana. La costumbre del cristianismo en general era celebrar no el natalicio, sino la muerte de personas importantes. La Pascua, instituida por autoridad bíblica en el Nuevo Testamento, es una conmemoración de la muerte de Cristo.
En el siglo quinto, la Iglesia occidental dio orden de que la Navidad fuese celebrada para siempre en el mismo día de la antigua festividad romana en honor del nacimiento del sol, ya que no se conocía la fecha exacta del nacimiento de Cristo. Cualquier enciclopedia u otra autoridad en la materia nos pueden confirmar el hecho de que Cristo no nació un 25 de diciembre. La Enciclopedia Católica lo dice claramente: la fecha exacta del nacimiento de Jesucristo es totalmente desconocida. Las Sagradas Escrituras no revelan este acontecimiento.
El día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de san Juan Crisóstomo y san Gregorio Nacianceno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad. Todo esto tuvo un abrupto final en Gran Bretaña cuando, en 1552, los puritanos prohibieron la Navidad; aunque volvió a Inglaterra en 1660 con Carlos II, los rituales desaparecieron hasta la época victoriana.
La Navidad, tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo XIX. A estas fiestas decembrinas no es ajeno Santa Claus y su penetración ideológica, consumista y de credo extranjera. Su legendaria caridad es el origen del personaje conocido universalmente como “Santa Claus” o “Papá Noel”.
Después de su muerte el 6 de diciembre de 345 o 352, creció su devoción y aumentaron los reportes de sus milagros. San Nicolás se convirtió en el patrón de los niños y marineros. San Nicolás es honrado como patrón en varios lugares: Rusia; Nápoles y Sicilia, en Italia; Campen, Holanda; Friburgo, en Suiza; Lorena; la diócesis de Lieja; en ciudades de Alemania, Austria y Bélgica.
Lamentablemente, el Santa Claus moderno ha sido paganizado. La mitra de obispo fue reemplazada por el hoy famoso gorro rojo; su cruz pectoral desapareció por completo. Se mudó de Turquía al Polo Norte, de donde viene por la nieve con venados. Como san Nicolás era obispo, se le representa vestido en rojo. Hoy, “Santa Claus” se utiliza para vender toda clase de cosas y casi nadie recuerda su origen, ni mucho menos le muestra alguna devoción; simplemente representa al despiadado consumismo. Hasta aquí, en nuestra ciudad de Durango, lo podemos apreciar fuera de comercios, en parques invitando a tomarse la foto, y no se diga en la publicidad emitiendo su clásico jo, jo, jo…
¿Dónde quedaron las tradicionales posadas que practicamos en nuestra infancia y adolescencia? Se partía de una casa previamente acordada, se recorría la calle cargando los peregrinos, se visitaba casa por casa de los vecinos, nos permitían la entrada, se rezaba y se entonaban los clásicos cantos, por ejemplo “En el nombre del cielo”; se regresaba a la casa de donde se había partido y nos ofrecían tamales y ponches, se quebraba la piñata y a la salida nos entregaban el aguinaldo. Ahora las llamadas “posadas” son convivios donde predomina la música, las bebidas, hasta el baile y hasta las primeras horas del otro día. Tiempos son tiempos.
Por ejemplo, los misioneros de Analco forjaron la tradición del Nacimiento en Durango en 1558, como una alternativa de los franciscanos de compartir la palabra de Dios con los indígenas, de conformidad a la técnica que desarrolló san Francisco de Asís de comunicar la Navidad a través de un Nacimiento viviente.
En el siglo XVII, las posadas dieron la bienvenida a las piñatas conformadas por siete picos, relacionados con los pecados capitales y que representan la tentación de caer en la desobediencia a Dios; al romper la piñata, se obtiene la recompensa. A finales del siglo XVII llegan las pastorelas a Durango para instruir sobre la lucha del bien contra el mal, como parte del teatro edificante.
En el comercio de Maximiliano Damm, un almacén ubicado en la Casa del Conde de Súchil —hoy propiedad de Banamex en calle Madero esquina con 5 de Febrero—, en 1890 se celebra la Navidad instalando un pino (de conformidad con la tradición en los monasterios del norte de Europa en la zona germana), y la sociedad durangueña acuñó la tradición del cónsul prusiano. Y en cada Navidad vienen los recuerdos, las realizaciones y frustraciones por no llegar todos los juguetes solicitados.
El 28 de diciembre celebramos la fiesta de los niños inocentes que mandó matar el cruel Herodes. El 28 de diciembre es costumbre realizar bromas de toda índole. Los medios de comunicación hacen bromas o tergiversan su contenido de tal modo que la información parezca real. Se trata de una libertad que da rienda suelta al sentido del humor. Es tradición que los periódicos publiquen páginas enteras de noticias cómicas, con la advertencia —con letra no muy visible— de que es Día de los Inocentes, que van desde las que son una obvia mofa a cualquier suceso reciente, hasta las que parecen serias y engañan al lector desprevenido.
También es importante recordar que no hay que prestar ningún bien, sea objeto o dinero, pues el prestatario es libre de apropiarse de los bienes y hacer mofa con la muy popular frase: “Inocente palomita que te dejaste engañar”, o en su versión ampliada: “Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar”.
Hay que rescatar y defender nuestras tradiciones ante la influencia del imperio y su despiadado consumismo. De ahí la importancia de nuestra mexicanidad y durangueñeidad. Mantengamos vivas nuestras raíces y costumbres, a fin de evitar o disminuir los riesgos a la varia y rica cultura nacional, ahora que el mundo se ha empequeñecido por los constantes adelantos científicos y tecnológicos, en particular de las comunicaciones que notablemente aceleran la historia, y por la inevitable penetración internacional impuesta por los nuevos acuerdos comerciales, los que están haciendo cambiar el tradicional concepto jurídico de soberanía y de exclusividad de explotación de los recursos naturales en nuestro México.