Mujeres distinguidas de Durango. Historias de Vida
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónHa sido publicado el libro “Hombres distinguidos de Durango. Historias de Vida” de la autoría del Dr. Héctor Pizarro Villalobos, contiene 29 historias de vida, más la del autor, así como la referente al que esto escribe, un total de 31 biografías de personas de Durango, El libro contiene 155 páginas en blanco y negro, en tamaño media carta, portada (con un círculo la Catedral de Durango) y contraportada a color, la Introducción es del autor Pizarro Villalobos, la presentación de Eduardo Campos Rodríguez y el Prólogo de un servidor. Su impresor es “Eduardo Martín Calzada Terrones. Encuadernación, serigrafía y algo más. WhatsApp 618-101-36-83”.
En la Presentación, el buen amigo Eduardo Campos Rodríguez, señala; “Tiene la mayor importancia una obra editorial en la que el propósito sea exaltar, con su historia de vida, la personalidad de durangueños destacados, quienes con su legado sean un ejemplo para las nuevas generaciones. Su autor, a través de breves semblanzas escritas de manera clara y ordenada, nos muestra la trayectoria de treinta hombres: científicos, académicos, gobernantes, activistas, críticos de arte, políticos, deportistas, empresarios; hombres que han contribuido a marcar nuestra entidad, pues cada biografía entraña una filosofía que exhibe la existencia de ciudadanos que han aportado valores y principios en bien de nuestra comunidad”.
Tres son las Historias de Vida o vertientes principales por las que ha transcurrido el quehacer profesional del autor de este libro, Héctor Pizarro Villalobos: su formación profesional, la docencia e investigación universitaria y la literatura, mismas que se relacionan al final del libro de manera cronológica y en forma clara se mencionan la actividad, la institución y el año correspondiente.
En la Introducción a cargo del autor, señala que “después de haber escrito “Los Hombres importantes en mi vida”, y “Antología de pensamientos para el hombre y la mujer en la Medicina en Durango”. Sentía que algo faltaba, y fue entonces cuando pensé en escribir acerca de los hombres distinguidos de Durango. La intención que persigo en esta obra es hablar de hombres que se hayan distinguido por su labor social, profesional, empresarial, familiar o personal, y cuya trayectoria, de alguna manera, hay pasado desapercibida, no haya sido difundida o no se haya querido dar a conocer, procurando lograr una muestra representativa de diversas áreas del desarrollo del estado y/o del conocimiento”.
Es justo reconocer la tenacidad y esfuerzo de Héctor Pizarro Villalobos, al lograr que esa inquietud se convirtiera en el libro que estará en sus manos para proceder a su lectura, libro. En las páginas de este libro, se despliega un tapiz de vidas extraordinarias -con excepción a la referente al que escribe el Prólogo-, un recorrido por la trayectoria de hombres y mujeres distinguidos que han dejado una huella imborrable en la historia. Desde líderes visionarios hasta artistas innovadores, desde científicos pioneros hasta activistas apasionados, cada uno de ellos ha contribuido de manera significativa a moldear al Durango que habitamos hoy. A través de estas biografías, se revelan las historias detrás de los logros, las luchas y las pasiones que han definido a estos individuos excepcionales. Se exploran los momentos cruciales que los llevaron a tomar decisiones audaces, a enfrentar desafíos y a superar obstáculos, y cómo estos eventos han influido en su legado.
Este libro es un tributo a la diversidad y la riqueza de la experiencia humana, un recordatorio de que la grandeza puede surgir en cualquier ámbito y en cualquier momento. Es una invitación a reflexionar sobre la Durangueñeidad, la importancia de la perseverancia, la creatividad y la determinación en la búsqueda de nuestros objetivos. Héctor Alfonso Palencia Alonso, autor de la doctrina de “La Durangueñeidad”, relativa al ideal del armónico progreso de Durango, basado en nuestros recursos materiales y en el mundo espiritual que da unidad a lo durangueño, el autor supo encapsular una hermosa filosofía del hombre y de la historia: como las pautas de la cultura históricamente obtenidas en una sociedad, que resultan varias, para nuestra más sana convivencia. Insistió siempre en la necesidad social de consolidar y transmitir una cultura propia, durangueña, nutrida en los valores regionales y nacionales, históricamente seleccionados.
La Durangueñeidad y la Mexicanidad. La historia como origen y símbolo. A Durango le han nacido hombres y mujeres que, dotados de un excepcional talento, han logrado dar proyección universal a la tierra que les nutrió sus primeros anhelos estéticos. Igual maestría les ha distinguido tanto en el ejercicio literario como en la elaboración de una sinfonía: no nos han sido ajenos ni el verso ni la nota.
También bajo el azul purísimo de su cielo (Azul Durango, escribió el poeta mayor Alexandro Martínez Camberos), se han forjado insurgentes, reformistas, revolucionarios, teólogos, líderes sociales, políticos, músicos, médicos, cantantes, violinistas, poetas, historiadores, filántropos, periodistas, cuentistas, retratistas, entre otros, poseen una circunstancia común: son nuestra presencia en el universo de la historia.
Hay un mundo espiritual que blasona a los hijos de Durango, y es la razón de ser del más sano provincialismo. Un provincialismo por inclusión y no por exclusión, que incorpore ideas, sentimientos, aspiraciones, pero que conserve sus hondas y viejas raíces en el campo de la Historia y en la tierra con espíritu.
El mundo espiritual que da unidad esencial a la Patria Chica está constituido por las comunes imágenes, valores, tradiciones, costumbres, usos sociales, ideas, forma de vida con las que el ser humano se desenvuelve desde la infancia. Y una buena parte de la más válida educación de los niños y jóvenes de Durango consiste en transmitir todo ese mundo espiritual, con la intención de que pasado y presente no se repudien ni se ignoren.
Quizá el secreto de la más venturosa incorporación a un mundo cambiante, se halla en seguir siendo, a través de los cambios rápidos y brutales, los lugareños -durangueños- que nos afirmamos en la tradición, los durangueños de raíz -raíz quiere decir penetración a la tierra- inmersos en el seno de esta provincia nuestra. “Durangueñeidad” no quiere decir oposición a la modernidad. Es conservar los logros distintivos de nuestra comunidad, y como toda cultura se encuentra en movimiento, la “Durangueñeidad” exige incorporar las ideas de modernidad, sí, pero recibir dicha modernidad a través de nuestra propia cultura, para que raíz y conciencia posibiliten nuestra incorporación a la vida contemporánea. Cualquier cambio valedero tiene que ser inseparable de nuestra vertebración cultural. Y con el ánimo de que entendamos mejor el mundo espiritual de Durango, recurro a las palabras de Ernesto Renán y que mucho tienen que ver con la “Durangueñeidad”, que dicen: “Se ama a la casa que se construyó y que se transmite”.
En estos tiempos revueltos en que las técnicas de la comunicación masiva nos hacen vecinos de todas las culturas, y nos ponen a merced de las grandes potencias que cuentan con los más eficaces instrumentos para difundir sus valores y propaganda, el provincialismo es de la mayor trascendencia porque sólo a través de él se puede buscar y exaltar el alma nacional, o estilo colectivo de vida que con características propias de cada región, y sin perder nunca sus rasgos esenciales -nacionales- late todavía en el seno de la santa provincia.
Vivimos tiempos de cambio rápido, provocados por las impetuosas tecnologías de los países más poderosos. Es muy importante en esta época globalizadora conocer la historia. Nuestra cultura nacional que comprende historia, tradiciones, costumbres, ideales, formas de valoración, sufre ya los embates de intereses extranjeros que intentan imponer nuevas pautas de conducta, pretendiendo introducir en el seno de nuestro pueblo, los nuevos paradigmas del capitalismo internacional. Y con ello, crecen los riesgos para nuestra identidad y patrimonio cultural, para y por nuestra Mexicanidad y Durangueñeidad.
Ante la penetración ideológica urge vigorizar la nacionalidad. Esta penetración ideológica busca la sujeción de nuestro pueblo a los intereses económicos del imperio. Nuestra identidad de mexicanos, no es un bien que está en venta, que se preste o alquile. El nacionalismo, la educación y el quehacer político de un pueblo continúan siendo los mejores instrumentos para preservar la soberanía y la independencia política. Es un reto culturizar a nuestra población, recatar nuestras tradiciones, para integrarlas y robustecer el contenido más sólido de nuestra identidad. Culturizar la sociedad es integrarla, fortalecerla, prevenirla y consolidarla. De ahí la gran responsabilidad de los comunicadores que son los pedagogos de multitudes. De ahí la importancia y trascendencia de este libro que rescata a los Durangueños distinguidos.
En estas páginas, se encuentran historias de triunfos y de fracasos, de momentos de gloria y de oscuridad. Sin embargo, todas ellas comparten un hilo común: la búsqueda de la excelencia y la pasión por dejar un impacto duradero en Durango, por la Durangueñeidad, por México, por la Mexicanidad.
Esperamos que estas biografías inspiren a los lectores a reflexionar sobre sus propios objetivos y aspiraciones, y a encontrar motivación en las Historias de Vida que integran el presente libro de “Hombres distinguidos de Durango”. Que las vidas de estos hombres distinguidos sirvan de ejemplo y de inspiración para las generaciones presentes y futuras.
Mantengamos vivo el amor por Durango, lo durangueño, que ha dado estilo y rumbo a esta ciudad provincial, fantásticamente protegida por San Jorge traspasando al dragón mitológico, donde el azul de su cielo y sus crepúsculos que son, como acuarela de dorados, de lilas y de castaños, señalan el centro espiritual de una tierra que tiene en el mapa la espléndida forma de un gran corazón.
Para amar a México, hay que conocerlo porque no se puede amar lo que no se conoce. La razón, el derecho, la educación, las artes, la ciencia, la preservación de las costumbres y tradiciones son, al final de cuentas, el mejor seguro para cuidar la Patria. La cultura nacional es la más sólida muralla de nuestra soberanía y al mismo tiempo, el más firme testimonio de una grandeza que supera con mucho la adversidad.
La premisa que me ha informado el Dr. Héctor Pizarro, es que ya ha iniciado el libro “Mujeres distinguidas de Durango. Historias de vida” y ya tiene un inventario preliminar de más de 30 mujeres para su integración. Libro que será una aportación más al acervo cultural de Durango. Enhorabuena Héctor.