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Durante la comparecencia del lunes próximo pasado, con motivo de la Glosa del Tercer Informe de Gobierno, que el Dr. Esteban Villegas Villarreal, Gobernador de la Entidad, entregó a la ciudadanía duranguense, en mi carácter de Secretario de Educación expresé a los diputados y diputadas que integran la Septuagésima Legislatura del H. Congreso del Estado que: “Después de haber encontrado un sistema educativo lastimado, olvidado y convulso, en Durango se emprendió una estrategia integral con un objetivo claro: elevar la calidad de los aprendizajes de la niñez y juventud de la entidad”.
Hoy, a dos años de distancia, los frutos comienzan a ser visibles y el rumbo trazado muestra un horizonte prometedor para posicionar al estado entre los cinco primeros lugares del país en aprovechamiento académico. Una de las apuestas ha sido por la evaluación estandarizada.
Lo que no se mide no se puede mejorar. Con esa convicción, en abril de 2024 inició la Evaluación de los Aprendizajes Durango (EAD), un instrumento estatal que permite conocer el nivel de logro educativo en Lenguaje y Matemáticas. Este esfuerzo, inédito en su alcance y continuidad, si bien ha representado una inversión económica –más de cinco millones de pesos en 2025–, también se constituye en un compromiso político y pedagógico por generar diagnósticos precisos que alimenten la mejora educativa.
La segunda edición de la EAD, realizada en junio de 2025, logró una cobertura del 89% del alumnado de primaria y secundaria: más de 217 mil estudiantes de todo el estado participaron en este ejercicio. El nivel de confiabilidad técnica de la prueba (KR-20 = 0.883) respalda la solidez de los resultados, que se convierten en una brújula para orientar las decisiones de política pública.
Los indicadores estatales muestran una mejora significativa en tan solo un año: Lenguaje: del 44.3% en 2024 al 47.5% en 2025. Matemáticas, del 37.2% en 2024 al 39.6% en 2025, sin embargo, más allá de los números, lo que se plantea es una modificación cultural en la gestión de los aprendizajes, un renacimiento educativo.
Si bien los retos aún son enormes, lo importante es que se confirma una tendencia ascendente en los aprendizajes, derivada del trabajo articulado entre autoridades, docentes, directivos, estudiantes y familias. La participación de padres de familia como observadores y testigos del proceso ha fortalecido la transparencia y la confianza en la evaluación, consolidando una cultura de corresponsabilidad.
La política educativa estatal no se ha limitado a la entrega de útiles, uniformes y libros gratuitos –acciones que sin duda reducen desigualdades–, ni a la construcción de infraestructura y equipamiento escolar. Estos avances, aunque importantes, se complementan con la apuesta por la profesionalización docente, la innovación tecnológica y la creación de proyectos inspiradores como aulas virtuales, torneos de robótica y experiencias internacionales para los estudiantes.
La Secretaría de Educación ha entendido que el verdadero renacimiento educativo no se decreta; se construye con base en evidencia, acompañamiento pedagógico y participación social. De ahí la relevancia de la EAD como herramienta de mejora continua; una evaluación que no se queda en los números, sino que se traduce en retroalimentación, diálogo y acción en las aulas.
Los resultados de la EAD 2025 confirman que la ruta es la correcta, pero también señalan que el reto más importante no está únicamente en repartir apoyos o en sumar cursos de capacitación. El desafío central consiste en transformar la cultura escolar: que los docentes pasen de ser transmisores de información a facilitadores del pensamiento crítico y creativo; que los estudiantes asuman un rol protagónico en su aprendizaje; y que los padres se integren activamente como aliados permanentes en la formación de sus hijos.
La visión impulsada por el gobernador Esteban Villegas Villarreal, y ejecutada con firmeza por la Secretaría de Educación, busca posicionar a Durango entre las cinco entidades con mejores resultados académicos del país. Los avances en Lenguaje y Matemáticas muestran que es posible. La clave está en mantener la continuidad de las evaluaciones, aprovechar la evidencia para orientar políticas, y seguir fortaleciendo la alianza entre escuela, familia y comunidad.
Si Durango mantiene esta ruta estratégica, el futuro se vislumbra alentador. La continuidad de la evaluación estandarizada permitirá contar con series históricas sólidas que revelen con mayor claridad el impacto de las políticas implementadas. A su vez, la consolidación de una cultura de participación activa entre padres, docentes y estudiantes fortalecerá la corresponsabilidad, convirtiendo a cada comunidad escolar en un espacio de innovación y mejora permanente.
En los próximos años, la entidad podría convertirse en un referente nacional de cómo articular la política pública con la práctica pedagógica cotidiana. Los avances sostenidos en los aprendizajes básicos se reflejarán no solo en mejores indicadores educativos, sino en una ciudadanía más preparada, crítica y participativa. Durango tiene en sus manos la posibilidad de protagonizar un verdadero cambio cultural que transforme la educación en motor de desarrollo social, económico y humano para las próximas generaciones.
Como lo había escrito en publicaciones anteriores: “Porque evaluar no es castigar, es comprender para transformar”. Y Durango está demostrando que, con voluntad, planeación y corresponsabilidad, se puede convertir cada hoja de respuestas en una oportunidad de cambio hacia un sistema educativo más justo, equitativo y de excelencia.