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El regreso a las actividades escolares, después del periodo vacacional de invierno, dejó un mensaje claro y alentador: el Sistema Educativo de Durango está preparado para responder incluso en condiciones adversas. A partir del 8 de enero, con el taller intensivo para directores, seguido de las jornadas de trabajo para el personal docente los días 9 y 10, se dio inicio a una etapa de planeación y fortalecimiento institucional que tuvo como objetivo principal garantizar un regreso ordenado y seguro para las y los estudiantes de educación Básica.
El lunes 12 de enero marcó el retorno del alumnado a las aulas, un regreso que se vio acompañado por lluvias intensas y, en algunas regiones del estado, por la presencia de agua nieve y nieve. A pesar de este escenario climático complejo, las escuelas permanecieron abiertas y listas para recibir a quienes acudieron, demostrando que el servicio educativo se mantiene firme y disponible en todo momento.
Las niñas y los niños que llegaron a los planteles fueron recibidos con calidez, cuidado y responsabilidad por parte del personal educativo, quienes estuvieron atentos a su bienestar desde el primer momento. Al mismo tiempo, es importante reconocer y respetar la decisión de las madres y padres de familia que optaron por no exponer a sus hijas e hijos a las bajas temperaturas; una decisión comprensible y plenamente justificada ante las condiciones del clima.
El balance general del regreso a clases es positivo. Fue un retorno exitoso que evidenció la capacidad de organización, la infraestructura y la supraestructura con las que cuenta la Secretaría de Educación del Estado de Durango para atender al estudiantado aun en circunstancias poco favorables. Este esfuerzo no sería posible sin el compromiso del profesorado, que una vez más se colocó en la primera línea de atención, acompañando a estudiantes y familias con vocación y sentido de responsabilidad.
La educación es una tarea compartida. En ella convergen docentes, directivos, autoridades, familias y sociedad en general, todos inmersos en los procesos de gestión del conocimiento que nacen en la escuela. Este regreso a clases es una muestra de que, cuando se trabaja de manera conjunta, se avanza con paso firme hacia la construcción de un Durango más fuerte, más solidario y más grande, construido desde el corazón.
Con una visión prospectiva, es fundamental fortalecer la corresponsabilidad entre todos los actores educativos para dar continuidad al ciclo escolar con metas claras y compartidas. Autoridades educativas, directivos, docentes, madres y padres de familia, así como la comunidad en general, pueden alinear esfuerzos en torno a un objetivo común: garantizar trayectorias educativas completas y aprendizajes significativos para todas y todos los estudiantes. La planeación estratégica, basada en diagnósticos oportunos y en el seguimiento permanente de los avances, permitirá tomar decisiones informadas que impacten directamente en la mejora de los indicadores de logro académico.
El papel del personal docente será clave en esta ruta hacia la excelencia. A través de la formación continua, el intercambio de buenas prácticas y el trabajo colegiado, se podrán fortalecer las estrategias pedagógicas centradas en el aprendizaje, la inclusión y la atención a la diversidad. La innovación didáctica, apoyada en el uso pertinente de recursos tecnológicos y metodologías activas, contribuirá a generar ambientes escolares más motivadores, capaces de despertar el interés y el potencial de las y los estudiantes.
Por su parte, la participación de las familias seguirá siendo un pilar fundamental. El acompañamiento en casa, la comunicación constante con las escuelas y la construcción de acuerdos contribuirán a reforzar hábitos de estudio, valores y actitudes positivas hacia el aprendizaje. Cuando la escuela y el hogar caminan en la misma dirección, se crean condiciones más sólidas para que las niñas, niños y adolescentes alcancen mejores resultados académicos y desarrollen competencias para la vida.
La mejora sostenida de los indicadores de logro académico, que en 2025 ya fueron evidenciados por la Evaluación Estandarizada, requerirá una cultura de evaluación formativa y de mejora continua, en la que se evalúe para medir, para retroalimentar y ajustar las prácticas educativas, lo que permitirá avanzar gradualmente hacia estándares de excelencia.
La suma de voluntades, el compromiso institucional y la convicción de que la educación transforma realidades harán posible que este ciclo escolar no sólo se concluya con éxito, sino que marque un avance significativo en la calidad educativa y en el desarrollo integral del estudiantado; así se contribuye, desde el Sistema Educativo, a la construcción de un gigante.