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Análisisviernes, 8 de septiembre de 2017

Gran decepción

Recuerdo la mañana del 17 de octubre del año 2013, en las inmediaciones de la caseta de cobro del poblado Coscomate en la sierra de Durango, se observaban a secretarios de Estado, empresarios e invitados especiales de los estados de Sinaloa y Durango.

Era una mañana fría, una gran parafernalia se advertía, montada ésta para recibir a Enrique Peña Nieto, que como Presidente de México inauguraba una importante obra, la supercarretera Durango-Mazatlán.

Al paso del tiempo, esas imágenes de las que pudimos ser testigos han quedado en el recuerdo, pero además, forman parte de una gran decepción, primero como duranguenses y luego como mexicanos.

El que la supercarretera se encuentre cerrada empieza a afectar de manera económica a los duranguenses, pues los camiones de carga con mercancías tienen que tomar otra ruta (vía Guadalajara) provocando un gasto mayor en combustible, tiempo y costos de flete.

Es lamentable y nos preocupa seriamente que organismos empresariales como la Cámara Nacional de Comercio en esta ciudad ya anuncian que ante estos hechos, el costo de productos al consumidor puede incrementarse hasta en un 30 por ciento.

La pregunta surge de inmediato ¿por qué una obra mal realizada, tal vez producto de componendas particulares o actos de corrupción tiene ahora que afectar la economía de la gente de Durango?

Para el que escribe, como duranguense que ama a su estado, la “Súper” carretera Durango-Mazatlán, que fue un sueño acariciado por muchos años hoy se ha convertido en una pesadilla de la cual aún no se puede despertar.

Lo peor, a pesar de todo esto, el actual sexenio gubernamental en el estado y municipio de Durango siguen promocionando como un gran atractivo turístico esta rúa. Gran incongruencia, gran decepción.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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