Análisisjueves, 5 de febrero de 2026
Hablemos de magia
Columna liberal
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Antes de tocar nuestro tema principal, permítasenos transmitirle al presidente municipal de Durango, de parte de un gran número de voces de la ciudadanía, un no muy atento recado que, digamos, ya ve la raza cómo es, por aquello del aumento criminal, así nos dijeron, al impuesto predial; y que los saludos, ya se imagina de qué tono y color, los comparta con los legisladores locales que aprobaron dicho atraco. Y que si es pensamiento, esperanza o pasión de aspirar a la gubernatura, que se le borre, que con lo anterior canceló cualquier esperanza y posibilidad suya y panista. Cumplido el encargo. Y perdónenos, Pepe Toño, pero ese paso que dio será el arma principal con la que le golpearán en las campañas políticas, si es que llega.
Toquemos ahora pues ese tema que a no pocos apasiona, que es la magia. Para definirla nos remitiremos al concepto que, aunque común, es certero. Este arte consiste en el manejo tanto de las fuerzas de la naturaleza como las del cosmos; también los muy avanzados en estas prácticas se valen de los llamados espíritus elementales, seres a quienes Jesús el Cristo expulsó de un poseso; son entidades algo parecidas a los animales, que no tienen conciencia de sus hechos y están preparados o entrenados por su operador para sus fines y de los que se valía San Cipriano antes de renegar de la hechicería e inclinarse por el cristianismo, y es de los pocos que han roto el pacto y burlado al maligno.
Esta práctica era bien conocida desde los albores de la humanidad y resalta el caso cuando en la Edad Media la Inquisición torturaba hasta la muerte a quienes la practicaban, fueran inocentes, ya que uno de los objetivos era apoderarse de sus bienes. H.C. Agrippa sentenció: “Y no por esto ocurre que dichas artes carezcan de valor, porque, si ciertamente no lo tuvieran y no pudieran hacerse, mediante su auxilio, muchas cosas prodigiosas y perjudiciales, las leyes divinas y humanas no hubiesen desplegado tanto rigor para perseguirlas y exterminarlas”. De los magos más grandes que se tenga noticia y testimonio resalta el caso de Jesús el Cristo y Salomón; y de los tiempos más cercanos tenemos a Eliphas Levi, Papus, Crowley (quien torció su origen y se inclinó hacia el lado oscuro de la magia, etc.).
Anotemos que el manejo de quienes se valen de ella en forma positiva y para aplicarla para bien de la humanidad se le llama magia blanca, y quienes la utilizan para perjudicar al prójimo o para beneficio propio o egoísta caen en lo que es la magia negra, con muy altos costos en la posteridad. Hay inclusive personas dotadas con poderes y que, al igual que los magos, pueden también transmitir o ejercer la magia a través de la mirada, las uñas, manos y la voz. Recordemos cómo Hitler hipnotizaba a las multitudes a través de su voz magnetizada. O sanadores que sólo con la imposición de las manos curan a los enfermos.
Existe mucha tela de donde cortar en los conocimientos inimaginables de esta práctica y, aunque sabemos la información de cómo llegar a ella, sería un error o equivocación imperdonable darlos a conocer, como por ejemplo: mediante un proceso de un producto animal se puede lograr que una mujer nunca pueda ser poseída por otro hombre. O algo similar a lo que practicaba López Tarso en la película “Macario”. También es muy fácil saberlo cualquier persona: cómo un enfermo muy grave se salvará o no; con la utilización de tocino y la intervención de un perro, se despejará la incógnita, el proceso es sencillo.