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Análisislunes, 19 de julio de 2021

La política es así

A partir de la sucesión presidencial de 1940, salvo la de 2018, ha estado presente la meritocracia sazonada por, al parecer, su fidelidad al presidente en turno; metodología que operó salvo en tres elecciones (2000, 2006 y 2012).

Como se ha escrito, las elecciones presidenciales se dieron dentro de un contexto de división cuyo punto culminante se dio en 1988. A partir de ese año el sistema sucesorio cambió para, al parecer, retornar en 2024.

En la sucesión presidencial de 1994 estaba visto que el candidato iba a ser el secretario de Desarrollo Social quien había hecho los méritos para ser y, además, aparecía más dominable bajo la perspectiva del presidente y de su corte.

El jefe del Departamento del entonces Distrito Federal no percibió lo visible, pues creyó que como él sería el elegido, pero no lo fue. Tiempo después dejó al PRI.

El fracaso sexenal (2012-2018) no sólo dividió más a los priistas, sino que ni siquiera fue postulado como candidato uno de ellos, todo lo cual se tradujo en el triunfo aplastante del actual presidente.

Con o sin encuesta, el presidente decidirá quién será el candidato a sucederlo, y ya lo dijo:

Él será el destapador de la corcholata. Más claro ni el agua.

O sea, la meritocracia y su agregada está de regreso.

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