Análisisdomingo, 22 de marzo de 2026
Resucitar el corazón
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El Evangelio del quinto Domingo de Cuaresma narra la resurrección de Lázaro. Un relato lleno de detalles, diálogos y, sobre todo, fe. Jesús resucita a Lázaro y el evangelista prepara al lector para la resurrección de Jesús. Pero la resurrección de Lázaro es de un tipo distinto a la de Jesús. Jesús resucita hacia adelante, hacia la vida eterna; Lázaro, por el contrario, resurge hacia atrás, hacia la vida de antes. Jesús, resucitado, deja este mundo; Lázaro permanece en este mundo. Una vez resucitado, Jesús ya no muere más; Lázaro sabe que deberá morir todavía. La de Lázaro es, por lo tanto, una resurrección provisional, terrena, una especie de «reviviscencia». Pero mientras tanto, él es restituido al cariño de sus seres queridos. Es un hombre nuevo y «resucitado». Sabe que hay alguien más fuerte que la misma muerte. Las historias del Evangelio nunca se escriben sólo para ser leídas sino también para ser vividas. La historia de Lázaro ha sido escrita para decirnos esto: que hay una resurrección del cuerpo y hay una resurrección del corazón; si la resurrección del cuerpo va a tener lugar «en el último día», la del corazón tiene lugar o puede tenerla cada día. Hoy mismo.
De todo esto deducimos una cosa, que conocemos asimismo por experiencia: que se puede estar «muertos» antes de morir, mientras permanecemos aún en esta vida. Y no sólo de la muerte del alma a causa del pecado; hablo, también, del estado de total ausencia de fuerza, de esperanza, de voluntad de luchar y de vivir, que no puede ser llamada con un nombre más indicado que éste: muerte del corazón. A todos los que se encuentran en esta situación por las razones más diversas (matrimonio roto, traición del cónyuge, pérdida o enfermedad de un hijo, desastres financieros, crisis depresivas, incapacidad de salir del alcoholismo o de la droga), la historia de Lázaro les debiera llegar como una esperanza grande, igual que la resurrección de pascua.
¿Quién puede darnos esta resurrección del corazón? Así es, Jesús. «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre». El llamado hoy es para nosotros a creer en aquel que no solo resucita muertos, sino que da vida a los vivos.