Te echaste todo el veinte
Sólo aquellos que ya pasamos de los sesenta, considero que podemos recordar la naturaleza de aquella frase que proferíamos a todo aquel que llegare expidiendo olores a perfume, a quien de inmediato en son de burla referíamos: - “Te echaste todo el 20”.
Expresión llevada a cabo en forma frecuente, en virtud que, en aquellos años, en algunas boticas y también perfumerías, se tenía el beneficio de poder adquirir por veinte centavos, un frasquito de perfume, la gran mayoría de ellos sin marca de origen.
Debemos apreciar que, esos 20 centavos, de aquella época son mil veces menores que los de hoy. Pero para los años cincuenta aún se conocían y se pagaba algunas cosas con monedas de uno y hasta las de dos centavos.
Gabriel García Márquez, el de verdad, no el Francisco mexicano que inventaron los brillantes legisladores de Veracruz pero que el pueblo bueno y sabio los eligió, nos dijo: - “La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”.
De tal manera que, cuando se advertía a una persona expeliendo un determinado olor cargado de perfume, se le aplicaba el dicho de: - “Te echaste todo el 20”.
Desde hace más de 8 mil años, se usan los aromas olorosos, que consistían en quemar mirra, casia o nardo, usados como desodorante y también como elemento de lujo que suponía obediencia y respeto.
Se ha atribuido a los perfumes determinados poderes, como son: Para la buena suerte, las buenas vibras, incluso para el amor, comprobando que, efectivamente los buenos olores concluyentemente atraen.
Se indica que las feromonas liberan una atracción sexual profunda en el cerebro de quienes entran en contacto con ellas, pues activan el sistema nervioso del ser humano.













