La vieja Murray (Parte II)
La vieja Murray (Parte II)
–Coman, pequeños. Han llegado a esta casa para ser felices. Aquí el tiempo no existe. ¡Coman! Coman, su nueva hermana los espera para regar el jardín. Coman, necesitan energía para cuidar ese bello jardín.
–¿Y tú no vas a tragar mis dulces, mocoso inepto? ¿Acaso no quieres ser feliz igual que tu amiguito Dani? ¿No quieres ser mi esclavo, maldita rata?
Adam no contestó una sola palabra, miró por la ventana y se dio cuenta de que el sol ficticio ya no estaba y ahora la noche era la que reinaba de nuevo en el momento. La casa solo era iluminada por ese viejo candelabro y la luna lo dejó ver cómo su amigo estaba a punto de convertirse en más de mil pedazos de carne cruda.
Miró su reflejo en el cristal del refrigerador y se percató de que su rostro ya no era el de aquel niño de doce años. Sus parpados caían como pellejos y sus labios eran arrugados igual que una pasa. Adam entonces se dio cuenta de que estuvo atrapado en la casa Murray por más de 60 años.




























