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Localjueves, 16 de noviembre de 2023

Marcelo Alanís Cabrera, último jefe de estación del Ferrocarril en Canatlán

Nacido en León, Guanajuato, el año de 1967, ingresó a Ferrocarriles Nacionales de México el mes de febrero del año 1987

Marco Rodríguez / El Sol de Durango

CANATLÁN, Dgo. (OEM).- Tuvieron que pasar 25 años para que Marcelo Alanís Cabrera regresara a la estación del ferrocarril de Canatlán, mejor dicho, a lo que fue la estación, inmueble hoy convertido en la Casa de la Cultura Municipal Lilia Santaella.

Nacido en León, Guanajuato, el año de 1967, ingresó a Ferrocarriles Nacionales de México el mes de febrero del año 1987, laborando como telegrafista, en la ciudad que lo vio nacer.

El destino quiso que iniciara como Jefe de Estación en esta tierra manzanera y también que terminara, luego de recorrer geografía durangueña, recuerda que recibía el mismo salario en un lugar que en otro.

Recordó en la charla que en el tema del arreglo de las vías férreas, había los empleos de Peón de Vía, Guardavía, Mayordomo y finalmente el Jefe de Vía, en orden jerárquico ascendente.

Las viviendas para los peones de vía y la mejor, la más grande era para el mayordomo.

La responsabilidad del Jefe de Vía era el cuidado de todo el trazo de vía, por ejemplo Durango - Tepehuanes o Durango – El Salto; les tocaba supervisar esos tramos.

El mayordomo tenía un tramo de vía bajo su responsabilidad. En Armones y motores se trasladaba el personal de vía

El Jefe de Estación tenía otras responsabilidades en cuanto el manejo administrativo o relacionado con el ferrocarril y estos estaban en el departamento de Vía y el jefe de estación enfocado a los trenes.

Fue bajando el volumen de carga, quizá un poco por malos manejos y tenía que ver la competencia de los camiones, los tráiler y todo eso

El señor Bucho (Tiburcio) estaba como apoyo, en su momento se jubiló y le dieron oportunidad de seguir desempeñando su trabajo como auxiliar, pero sin ser empleado de la empresa.

EL EDIFICIO DE LA ESTACION

La casona estaba fría y estaba sola; al principio daba un poquito de miedo, inclusive decían que donde guardaban el armón se aparecía una viejita, pero nunca la miré.

Había la sala de espera y la taquilla; la oficina y la bodega, era el almacén donde se recibía la carga, lo que apoyaba don Bucho, quien se encargaba de documentar y recibir el flete que había.

La sección eran los trabajadores de planta, de base, que vivían en las casitas y la cuadrilla era la gente que vivía en los carros, que de manera temporal se quedaban en cada estación.

Recuerda que en Canatlán al final solo quedaba como personal de sección Lencho, Lalo y Beto, de apellido Valdez; no habitaban las viviendas de trabajadores porque vivían en Canatlán.

El año de 1998 recibimos la noticia de que hasta ahí llegábamos, nos dieron la liquidación correspondiente y aquí sigo en Canatlán, a donde llegó soltero, en donde se casó y donde ha creado una bonita familia, la Alanís Chávez.

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