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El 1 de abril, algunos líderes se pronunciaron ante sus naciones respecto a los retos globales que se avecinan a causa de la guerra en Irán, así como las medidas a tomar si la misma se prolonga. Los Primeros Ministros de Reino Unido y Australia, Keir Starmer y Anthony Albenese, respectivamente, advirtieron a sus ciudadanos de la complejidad a la que se enfrentarán en el marco de los incrementos récord en los precios las materias primas. El Presidente de Irán Masoud Pezeshkian también publicó una carta sobre la postura del país respecto al conflicto en la que deja clara la responsabilidad que Estados Unidos tiene en el mismo, así como en los impactos provocados en la economía global que, efectivamente, ya comienzan a obligar a los gobiernos a tomar políticas preventivas en materia energética. A ello, siguió el discurso altamente contradictorio del Presidente Donald Trump donde volvió a presumir una victoria categórica, al mismo tiempo que una terminación próxima de las operaciones militares. Todo ello, con el fin de apaciguar la incertidumbre en el panorama político económico, pero luego de lo que pasó el día 11 será difícil.
Primeramente, la manera en que la guerra se desarrolló a la semana siguiente de los discursos evidenció que la tregua a la inestabilidad de la economía global no se dará pronto. Si bien el Presidente Donald Trump no mencionó un despliegue de las fuerzas terrestres en territorio iraní y tampoco llevó a cabo el ataque a los puentes y centrales eléctricas de Irán programado el 7 de abril, la tensión sigue siendo severa. Tras el lanzamiento de 100 ataques aéreos por parte de Israel al Líbano – donde resultaron 254 personas asesinadas y 1,165 heridas– Irán volvió a cerrar el estrecho de Ormuz en represalia. Lo que hizo que el barril de petróleo volviera a rebasar los 100 dólares por barril tras haber caído un 15% con el anuncio un cese al fuego entre Irán y Estados Unidos donde el primero detallo sus condiciones en un comunicado oficial. Aunque, dada la influencia que Jerusalén goza en Washington, no es probable que éste se respete, sobre todo por la declaración de la Casa Blanca en la confirma que las agresiones contra Beirut son excluyentes de la guerra. Lo que da cuenta de la nula disposición y capacidad de las partes involucradas para alcanzar un acuerdo formal en algún momento haciendo que esta crisis energética se prolongue más.
En vista de ello, gobiernos de África, Asia y Europa, ya han comenzado a implementar planes de contingencia para minimizar los impactos en materia comercial, de salud, alimentaria, entre otras. Por ejemplo, en cuanto este último, los precios de los fertilizantes como la urea han incrementado de 300 a 700 dólares por tonelada desde que la guerra comenzó. Irán ha afirmado que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado si Israel continúa con sus acciones militares en el Medio Oriente, por lo que es, altamente probable que la operatividad de las industrias continúe viéndose afectadas este año; sobre todo, tomando en cuenta que puede tomar al menos 5 años en reparar los daños de infraestructura energética. De acuerdo con datos de Kpler, firma de inteligencia comercial, en marzo se perdieron más de 200 millones de barriles de petróleo. Ello ha obligado a estas regiones a promover medidas como el trabajo a distancia, el racionamiento de combustible, la reducción del uso de automóviles, así como los viajes en aviones para disminuir la vulnerabilidad que este tumulto geopolítico implica.
No obstante, es necesario considerar la posibilidad de que el mundo no vuelva a ser igual en términos de comercio incluso si la guerra acaba este año. Si bien con la caída de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos se consolidó como líder mundial y dio paso a la construcción de una maquinaria de globalización que también hizo posible la emergencia de otras economías, las cuales se volvieron centros. Ahora, con China como potencia, el regreso de Rusia como actor protagónico y la demostración de Irán sobre su capacidad para colapsar esta estructura occidental, se observa que el poder del que Washington gozaba para dictar las reglas ya no tiene vigencia. Lo que se traduce en la aparición gradual de nuevas rutas comerciales, organismos de cooperación, acuerdos regionales de defensa, así como sistemas financieros desdolarizados. Todo ello, trayendo a su conclusión el ciclo hegemónico estadounidense mientras se migra de un sistema unipolar a uno multipolar.
Por esta razón, la guerra contra Irán se convierte en un parteaguas para la evolución del sistema internacional. Las repercusiones que ha traído evidencian las limitaciones del liderazgo mundial de Estados Unidos en una arena global donde ya hay otros polos de poder. En este caso, la estrategia de cambio de régimen que se practicaba en los 2000 bajo la doctrina Bush, ya no es viable. Esto debido a que la resistencia de Teherán es posible precisamente por el declive del supremacismo estadounidense. De ahí que, en las negociaciones llevadas a cabo en Islamabad hayan fracasado. De acuerdo con el Vicepresidente J.D. Vance, la delegación iraní no aceptó las condiciones de Washington, mientras que, medios estatales iraníes afirmaron que las exigencias de su contraparte son irrazonables. Este fallido intento para la llegada a un acuerdo hace que el cese al fuego se vuelva todavía más frágil, sobre todo porque ninguna de las dos partes modera su retórica. Lo que indica que ninguno está dispuesto a ceder y que la formación de un nuevo internacionalismo mediante la vía militar seguirá su curso.
Finalmente, es aquí cuando las declaraciones hechas por los líderes el 1 de abril comienzan a hacer aún más sentido pues revelan que las posibilidades para que Estados Unidos e Irán lleguen a un acuerdo siempre han sido mínimas porque los intereses nacionales son completamente opuestos. De ahí también que durante el diálogo en Pakistán las partes siguieran operando sus estrategias. Por ejemplo, Washington continuó con sus amenazas para salirse de la Organización del Tratado del Atlántico Norte si no usaban la fuerza para abrir el estrecho de Ormuz. Del lado de Irán, se reportó que China entregará nuevos sistemas de defensa aérea las próximas semanas. Todo esto demuestra que en realidad no hay incentivos para cooperar porque la confianza entre los gobiernos es casi nula.
Mientras tanto, se espera que los precios de las materias primas sigan al alza y que las cadenas de suministro se vean ralentizadas aumentando los costos de las industrias. Se prevé que, con el bloqueo estadounidense en el estrecho de Ormuz, se agrave el tráfico marítimo y el enfrentamiento escale disminuyendo la posibilidad de llegar a un acuerdo.