A propósito || Miedo no, pavor
El ambiente de miedo que se vive en el país, y que en buena medida es promovido y fomentado desde los más altos niveles del Gobierno federal, produce en el ciudadano común, un desasosiego que no le hace vivir en paz, ni trabajar cómodamente.
Si a esto se aúna la falta de seguridad, podemos anticipar entonces, que los mexicanos estamos llevando a cabo nuestras actividades, pegados o adheridos a una explosiva bomba de tiempo, al más puro estilo de los ideologizados islamitas.
El miedo nos lo infunde, sin duda alguna, el propio Presidente de México al referir por ejemplo a los periodistas que “si no se portan bien, recuerden lo que les puede pasar”, y de inmediato se registran asesinatos de éstos en algún lugar del país.
Regaña a otro tipo de gente, y de inmediato surgen las venganzas políticas a través de iniciar investigaciones criminales en contra de políticos o de empresarios. Y así sucesivamente.
Como contrapartida tenemos un México viviendo en la ilegalidad y su compañera inseparable llamada impunidad. Y el combate a éstas, —a pesar de haber sido bandera del obradorismo—, no ha cobrado cuentas a quienes han delinquido no de hoy, sino de siempre.
Al ver a un sujeto como el mencionado, enfrentar al propio Presidente de México, no deja otra impresión de que la ilegalidad y la impunidad ya echaron raíces en Sonora.
Por su lado el Presidente, con su tibieza de siempre, afirmó que a él le constaba que la carretera estaba tomada y que las personas cobraban a los conductores. “Yo lo ví”, dijo. Pero no hizo nada.
Allí mismo debería haber pedido que el Ministerio Público de la Federación iniciara una investigación penal o en su defecto que continuara y resolviera en consecuencia.
Al ver al Presidente hincado ante la delincuencia, vividores lo retan y le gritan. Qué feo, ¿no, amable lector?
O usted, ¿qué opina amable lector?
El autor es abogado postulante por la UNAM, ha sido catedrático universitario en varios estados y articulista en diversos periódicos del país
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