Diálogo | Golpe de realidad
Flojo, flácido, relajado, distendido. Que no tiene la tensión que debe tener; poco estricto moralmente. Es el significado de laxo y que aplica perfectamente a la realidad en México antes, pero especialmente durante la pandemia, momentos de crisis que ponen a prueba al más rico y al más pobre en el mundo, que saca a flote capacidades e incapacidades.
Imagínese la gravedad del problema en que estamos metidos si ya otros países están restringiendo a sus habitantes los viajes a México.
Como parte de las acciones para combatir la pandemia por Covid-19, el Gobierno de Canadá informó a partir del 31 de enero se suspenderán los viajes hacia destinos turísticos tradicionales de sol y playa como México y el Caribe.
Inmediatamente Cancillería mexicana respondió solicitando a ese país quitar esas restricciones de vuelo para evitar la caída económica, pero no hace nada más al respecto para garantizar medidas mínimas sanitarias a los visitantes. Por supuesto no ha habido respuesta positiva.
Ya no podemos engañarnos, vivimos la mayor tragedia sanitaria y económica del siglo.
Una errática estrategia que ya ha costado más de 161,240 vidas y si seguimos pensando que la curva de contagios está domada y que ya vemos la luz al final del túnel. ¡Estamos en problemas!
Aquí, cada quien hace lo que mejor le parece, se utiliza el criterio propio tanto a nivel federal, como estatal y municipal. Las fronteras abiertas, los vuelos y aeropuertos sin garantías reales para evitar contagios, las calles en las ciudades con un aforo normal hasta antes de la pandemia y así podemos seguirnos de largo.
Sí, el Gobierno no es el único responsable y ha quedado claro que los ciudadanos tampoco hemos puesto nuestra parte en esta conciencia sobre lo que significa el impacto no sólo inmediato, sino a mediano y largo plazo de la pandemia. Pero cierto es que el actuar de las autoridades ha sido totalmente laxo.
Escuchar a diario las conferencias vespertinas donde el doctor Hugo Lopez-Gatell da a conocer las cifras que rebasaron en enero las mil muertes diarias y que cerraron el mes con más de 32 mil personas muertas a causa del Covid-19 está a punto de convertirse en la normalidad en México. Si estos datos no nos gritan que vamos mal, estamos en problemas.
La compleja estrategia para enfrentar la pandemia, no está funcionando.
La vacunación ha sido hasta el momento otro fracaso. La meta planteada por la propia administración era vacunar a 1.1 millones de personas —personal de salud— al 31 de enero. Hasta ese día se habían aplicado poco más de 673 mil dosis, es decir apenas el 60% de la meta.
Por otro lado, las cifras económicas muestran la otra cara de la pandemia. La caída de 8.5% en la producción no sólo es un número, dejó sin trabajo formal a más 647 mil personas en el 2020. Sin dejar de mencionar los cientos de miles de empresas que desaparecieron por esta crisis.
Más de diez millones de personas se habrán sumado a la pobreza en un solo año, en un país cuyas cifras en este tema ya eran alarmantes.
La desigualdad se agudiza no sólo en el tema de ingresos se agudizará por la diferencia educativa que hoy enfrenta la niñez que no puede acceder a ella adecuadamente por no tener acceso a internet.
Nos alegró saber que el Presidente se encuentra en franca recuperación y esperemos que, en la soledad de su recuperación, reflexione y escuche otras voces que le hagan ver que no puede seguir en una sola línea de pensamiento.
Que estos días en retiro lo hagan ver el sufrimiento que ha representado esta pandemia para los más de 126 millones de mexicanos que observamos cómo la pandemia nos arrebata la vida a diario, la economía se desmorona y la desigualdad se profundiza. No todos han corrido su suerte ni han tenido la atención médica garantizada como él.
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Llegó la hora de cambiar para salir adelante de esta pesadilla que ha significado muerte y sufrimiento para nuestro País.














